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lunes, julio 4, 2022
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Rusia y Ucrania, España y Catalunya, Zelenski y Guernica

El mismo presidente al que Borrell, sin ánimo de ofender a ninguno de los de Catalunya según necesitó matizar después, citó como ejemplo de líder que no huye ante la invasión de la enemiga Rusia, ha aprovechado su intervención telemática en las Cortes españolas para abrir la veda de unas comparaciones que, tras ser la suya ovacionada por tan cualificada concurrencia, ya no son odiosas.

Por tanto, no renunciaré al rifirrafe comparativo, y más después de haber leído al historiador Ángel Viñas escribiendo sobre la intervención de Zelenski que “Fue una alocución breve, emotiva. Aprovechó la coincidencia de mes para hacer una breve referencia al bombardeo de Gernika en 1937. Levantó una gran oleada de emoción. A muchos les agradó. A otros, les disgustó. A mí me pareció una alocución milimetrada inteligentemente. La frase destacada con negrita es del autor.

Ha sido escuchar «Guernica» y responder con «Paracuellos» los españolistas más susceptibles, tal como hacen siempre que escuchan el nombre de cualquiera de las muchas masacres que provocaron los militares criminales que protagonizaron el 18 de julio de 1936. “La Desbandá”, aquel bombardeo masivo contra civiles que huían es otro de los que me vienen a la cabeza.

Es probable que, sin Picasso, Zelenski no habría dicho “Guernica” ante los parlamentarios españoles, y no se dan cuenta los neofranquistas que ningún pintor de los de su bando habría sentido jamás el impulso de crear la obra de arte que más ha contribuido a imaginar la posibilidad de que España tenga un futuro decente pues, como bien declaró aquel malagueño universal, “el arte es la mentira que nos ayuda a conocer la verdad”.

Elija usted cual puede ser la verdad y cual la mentira en el juego de palabras entre “Guernica” y “futuro”, tratándose de España.

Se quejan los neofranquistas contra Zelenski por haber elegido Guernica, pero tampoco ninguno de los suyos decidió pintar un Paracuellos. Sin duda, preferían dedicar todo su tiempo y todas sus manos a matar republicanos. 

Sostengo que lo que procede es “Rusia contra Ucrania” y no “Putin contra Ucrania», que es lo que repite el mismo Pedro Sánchez que en este momento en el que escribo estará cenando con Mohamed VI sopa de saharaui traicionado. Lo de decir “Putin” me parece demagogia fácil mientras los rusos no decidan expulsarlo del poder, y eso que pueden hacerlo cada 6 años. Esto me recuerda que los españoles tampoco fuimos capaces de deshacernos de un dictador que, como no aceptaba urnas, un atentado mortal habría sido lo adecuado. Menos mal que el día 20 de diciembre de 1973 falleció aquel peligro llamado Carrero Blanco. 

Y también he escrito “España y Catalunya”, pero sería más correcto “España contra Catalunya” porque, aunque también hay urnas, de la sociedad española tampoco nacen líderes que se planteen, ante este conflicto, una estrategia que renuncie a la actuación de las fuerzas represivas y las sentencias judiciales como factor decisivo para cualquier solución.

Entre Rusia y Ucrania ese factor es la guerra declarada. Son muy distintos, pero en ambos casos rige la amenaza del más fuerte en lugar del respeto a la voluntad popular.

La diferencia más importante entre ambos conflictos está en la cantidad de sangre derramada. En el que nos pilla más cerca, salvo los heridos del 1 de octubre de 2017 por votar en unas urnas que, por muy ilegales que fueran nunca dispararon balas, nada recuerda a lo que está ocurriendo cerca del Mar Negro. Se cumple así la “ley” que dice que “dos no se pelean si uno no quiere”, y no cabe la menor duda de que pacifismo independentista nos recuerda mucho más a Mahatma Gandhi que cualquier policía español aporreando electores a las órdenes del ministro del Interior y animados por los forofos del “A por ellos”.

Hay más cosas comparables, ahora que Zelenski nos ha autorizado. Por ejemplo, con eso de que “la verdad es la primera víctima de cualquier guerra”. Pero como la verdad es tantas veces opinable, yo diría que las que sufren son las libertades en general, y las de expresión, información, manifestación y otras de cariz político en particular.

Putin prohibiendo el uso de la palabra “guerra” o deteniendo a manifestantes que exhiben un cartel en blanco es lo más parecido al Estado español inhabilitando a un presidente de la Generalitat por colgar una pancarta, a un concejal por unos lazos amarillos o a una Mesa del Parlament de Catalunya por aceptar que se debatiera sobre la Monarquía o sobre la autodeterminación. Y dentro de sus escasas posibilidades represivas, hasta Zelenski pide a Europa que haga algo contra la Z porque en Rusia simboliza la victoria.

Y, por último, pero porque se ha hecho tarde, esta el asunto de los corredores, que cada parte en cada guerra, o conflicto, reclama o impone para salvar a los suyos.

Ahí están los que pide Ucrania para salvar a millones de personas que huyen con lo puesto, a expensas de la solidaridad de que pueda ser capaz Europa.

Pero, demostrando la distancia tan enorme que hay entre una España que se parece mucho más a la Rusia de Putin que a cualquier Ucrania, ahí está la imposición por la fuerza del Decreto Ley 15/2017 de 6 de octubre por el que el gobierno de Rajoy, contando con el apoyo de un PSOE de Sánchez que cinco meses después votó en contra de que se derogara, creó un “corredor” con cero riesgos para facilitar a las empresas la huida de Catalunya mediante el truco de facilitar la legalidad para el cambio de domicilio. El objetivo: conseguir el empobrecimiento de millones de catalanes.

Como todo el mundo, los independentistas catalanes también saben que “el poder nace de la punta del fúsil” y solo por su radical renuncia a esa tentación se merecen el derecho a decidir. Como Ucrania sobre en qué OTAN meterse, aunque estos han sufrido muertos, heridos, exiliados, y veremos.

Pero España, como Rusia, pertenecen a ese grupo de países que han abusado de los vicios de ser monarquías corruptas, dictablandas y dictaduras, y ese pasado, tan largo, les impulsa a seguir buscando violencia hasta que la encuentran. Y en ausencia de enemigos externos se los inventan dentro. 

Domingo Sanz

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