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sábado, julio 2, 2022
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Los relatos del poder

El declive de los medios de locales de calidad, que dependen de los anunciantes es una de las maldiciones del sistema. La palabra no está del lado de los gobernados, los esfuerzos por desarrollar medios de servicio público sigue sufriendo una intensa presión por parte de la propiedad.

El poder de la propaganda se ha convertido en las últimas épocas en el nuevo arte de la política. Se basa en una ingeniería, como dice Noam Chomsky, basada en el control de los medios de comunicación que mezcla retazos de verdad bajo técnicas incompletas o erróneas. Como dato particular, actúa manteniendo ajenas e ignorantes de las grandes decisiones a la mayoría de la población, creando a través de la pasividad y la obediencia, claves para que unos pocos “responsables” sigan ocupándose de los asuntos importantes: profesiones muy bien remuneradas -aunque inútiles- de comisionistas, delegados, adjuntos e intermediarios, como comenta David Graeber en su teoría sobre el “trabajo de mierda”.  

Las maneras que utilizan para conseguir “consentimiento” son varias, se mueven entre dos líneas: el mantenimiento de un consumismo desinformado, organizado por mercados de todo tipo (también culturales o deportivos) donde el audiovisual es fundamental; y, por otra parte,  la generación de desencuentros, atizando el odio, donde se pretende destacar la naturaleza malvada del ser humano.

Con estas formas, determinados grupos pudieron mantener el mito de las desigualdades, falsos relatos que justifican mecanismos de control, argumentando la incapacidad de la mayoría por compartir opiniones a través de debates razonados en la gestión de asuntos comunes. El egoísmo de los dominados ha sido la interpretación determinista de los nuevos Estados, que inventaron instrumentos de opresión para implantar políticas verticales, muy en contra de las ideas humanistas y pacifistas, cooperativas, participadas y recíprocas de las comunidades –incluso las primitivas-. Narraciones creadas por los dominadores para justificar la cúspide, como  escribió el antropólogo Pierre Clastres.

La estrategia se encuentra en la sumisión implícita que supone renunciar a las propias  capacidades –por incompetencia- para dar paso a las élites mediáticas que nos subordinan a la publicidad y el enemigo común.

Francesc Reina

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