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lunes, julio 22, 2024
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Ética

Las personas son dioses para sus perros, por eso hay quienes los aman más que a nadie; esto escribió Aldous Huxley. Hemos de reconocer que nuestra animalidad puede llegar a ser intensa a la vez que compasiva. La amistad entre especies es vital para sobrevivir, sobre todo si se expresa en el sentido de una lealtad mutua.  

El comportamiento humano recibe muchos reflejos de lo que ocurre a su alrededor y, si la agresividad o la violencia que se observa por estas épocas se utiliza para resolver conflictos (como se aprecia en las pantallas, en la vida cotidiana, entre estadistas y políticos), podríamos concluir que todo está permitido. Las precarias situaciones económicas y sociales ponen en peligro el futuro de buenas personas que viven en malos e inflexibles ambientes que difícilmente ofrecen oportunidades a las gentes que se mueven a golpes, en algunos casos tan destructivos y gratuitos que se suelen pasar por alto ciertas patologías del comportamiento.

En Dogman, otra película del gran Matteo Garrone, se intuye la descripción sórdida de personajes cubiertos de miedo entre charcos embarrados de asfalto gris; la crueldad y la dificultad de mantener algo de dignidad es una constante incertidumbre donde se sabe quién tiene el timón de sus vidas. Se trata de una fábula tensa, que produce profundo malestar y advierte de los peligros y engaños de conceptos tales como fragilidad y fortaleza, resiliencias débiles y otros dilemas íntimos como la sumisión y la degradación personal de un sujeto humillado, de una policía pasiva y miope, de unos vecinos que no ven lo que no quieren ver. Fonte interpreta a un ser hundido en la miseria, achatado por un desquiciado que lo tiene de rodillas pero que, lejos de resignarse, cansado del desprecio de unos delincuentes que campan a sus anchas, logra reaccionar para mostrarle a su grupo afín que se pueden alcanzar horizontes de esperanza. Con una ternura exquisita hacia sus perros a los que mima, el protagonista muestra cómo los pensamientos negativos se apoderan de su ser pacífico y tímido; surgen de la triste mirada de un hombrecillo sencillo que sucumbe a la paciencia infinita, superándola con una venganza silenciosa que parece el destino inevitable de una clase social determinada. El interior de la mente, cuando se vive un infierno, puede sucumbir a la llamada del mal.

Tremendas analogías, la película nos acerca a la relación esencial entre especies, en este caso alegorías con perros que no nos dejan indiferentes.  El maltrato animal hasta hace poco en nuestro país, ha sido la norma  y proceso habitual alentado por leyes que permitían y animaban a torturar y matar (hoy día la caza furtiva es la tercera fuente de riqueza mundial tras el comercio de armas y drogas). Hace muchos años que  formamos parte de una muchedumbre de lo feo cuando se rompieron los lazos sagrados con la naturaleza. Hasta que se rompa el suelo.

En España hay más de 29 millones de mascotas, es decir, más perros y gatos que niños menores de 14 años (junto a los peces, pájaros y algunas especies salvajes). Se dice que las criaturas domésticas son una fuente de compañía, alegría y amor, que sanan  del estrés y la depresión; pero también se alerta del peligro que ese consumo desbocado puede provocar cuando se pretende humanizarlos en exceso, o cuando se convierten en un objeto caprichoso, cuando se tratan como a un objeto, o cuando se abandonan… El bienestar animal comienza a ser clave en la nueva cultura de los derechos, muestra una gran contradicción  y contraste entre su inteligencia emocional y el déficit psicológico y de comprensión del mundo de sus amos cuando no contemplan lo desafortunado de una vida en los pisos, o en jaulas, o en la intemperie.

Llegará el día en que tendremos conciencia de que somos una familia más, que nos hemos pasado la vida yendo y viniendo entre porrazos y abrazos, entre aprecios y sometimientos: pusilánimes irritantes, patéticos payasos de las bofetadas que recorren los caminos (sobre todo aquellos que conquistan, colonizan y saquean incluso la pobreza de los más pobres porque se creen héroes superiores).

Tal vez la abundancia de perros y gatos en las ciudades muestra la necesidad que tenemos de ser más humanos, de volver a encontrarnos con territorios perdidos u olvidados. Tal vez la inteligencia sea algo tan simple como aspirar a una vida aceptable para todo ser vivo, que evite el sufrimiento de unos contra otros.

Francesc Reina

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