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lunes, septiembre 26, 2022
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La sed del agua

El agua es una metáfora del tiempo comentaba Borges; se escribe “eternidad” en lengua china. Estamos hechos de nubes, cantaba Pablo Guerrero, de agua por todas partes, como todo lo que comemos, como esta naturaleza imprescindible que nos rodea, espejo de un lugar sano y justo.

Pero ahora se está ahogando, su despilfarro, desde lo doméstico hasta la agricultura intensiva e ilegal hiere de muerte las lagunas y los deltas, mares menores y trasvases. El crecimiento sostenible es un tópico publicitario -puro marketing- denunciaba José Luis Sampedro. Peligrosamente tildado de ecológico, acelera las desigualdades, abarata lo humano con camuflada planificación autoritaria. Con su conductismo tecnológico y depredador, socializa las pérdidas con los Estados. El nuevo fascismo, advertía Orwell, se vestirá con banderas de libertad. Tras una desinformación nada ingenua, se despliega un repertorio de agresiones muy concretas de las que nos enteramos poco; cientos de problemas escondidos entre sus muchas habilidades: se gastan millonadas en pagar medios de comunicación para que se hablen bien de sus actividades, las más contaminantes. Invierten en reputación mientras tapan sus desfalcos consentidos: averías en las conducciones, pozos ilegales, embalses que destruyen… La verdad más grande convertida en mentira.

La realidad más sedienta de este planeta ha extraviado el sentido mismo de la vida. Torturada durante décadas, secuestrada, envenenada, mercantilizada y  saqueada, la auténtica sed es la que ve cómo se secan los paisajes, cómo se van perdiendo las oportunidades. Tiene el agua sed de democracia, de transparencia, de libertad, de usos ajustados a las necesidades de la población y no al descalabro de los derroches permitidos y que sólo perciben unos cuantos.

Ya casi todo tiene sed, lo más sediento de este mundo es el agua misma. Demos de beber a este milagro que piensa, insiste Joaquín Araujo, que sueña una civilización inteligente que sustituye las torpezas de la mente gris por el verde oxígeno. Esa que discurre por los ríos y que impregna las raíces de los bosques es infinitamente más importante y más productiva que cualquiera que esté sometida; acudir a su encuentro será invertir en conciencia para llegar a ser felices. Darle de beber será una buena idea para que nos regale otros futuros que sientan y recuerden.

Precisamos líderes que sepan poner a buen recaudo este poder y, por tanto, defendernos de las injusticias. Propone Stefano Mancuso que la organización de las plantas es un gran modelo político a seguir. Sí, nuevos líderes que nos traigan otras fórmulas de abundancia creativa, solidaria en las relaciones, en los cuidados, en el intercambio de saberes para tocar la dignidad. 

A mediados del siglo pasado, en los círculos intelectuales había quienes como Einstein o Fermi, temían por las limitaciones que la ciencia pudiera tener para hacerse comprender; cuando se llega a  este punto, reflexionaban, sólo queda la poesía.

Francesc Reina

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