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sábado, julio 2, 2022
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Grafitis para resistir

Hace unos años, la vaca Hermien saltó del camión camino al matadero, se escapó; la encontraron en un bosque del norte holandés meses después y la trasladaron a un refugio donde pudo vivir en libertad. En California, aproximadamente un grupo de 40, causó un gran revuelo al circular por algunas poblaciones parando el tráfico y comiéndose el césped de los jardines; huyeron de donde iban a ser sacrificadas.

El hecho revela algunas reflexiones: los animales, a todas luces, tenemos conciencia del peligro, y en algunos casos, también nos rodea un instinto de rebeldía que aflora frente a las injusticias. Lo cierto es que existen diversas maneras de cabrearse, en grupo o en soledad: sublevarnos con buen humor u otras creatividades, evadirnos en el consumo. Protestar, resistir, o resignarnos: aguantar, seguir…

Ni tenemos la familia que hemos elegido, ni hemos decidido el grupo social al que pertenecer. Eso comenta el filósofo Michael Sandel, quien fue premio Princesa de Asturias, autor del libro Justicia. Las arbitrariedades nos han golpeado desde que las instituciones económicas y políticas provocaran un efecto perverso en la moral individual y en la vida social. No es un hecho de la naturaleza humana sino el resultado del fracaso de las virtudes comunitarias: solidarias, colectivas, comunes. Evidentemente todo esto ha sido planificado con detenimiento por quienes no quieren saber nada de lo dicho.

En los barrios y poblaciones más deprimidas, un número más que considerable de familias de adolescentes sobreviven con ayudas sociales; sus hijas suelen sufrir maltrato por parte de sus parejas, cuando hace frío, pasan frío, algunos juegan con dinero; un gran porcentaje está insatisfecho de sus cuerpos, casi la mitad duermen menos de ocho horas y consumen drogas legales e ilegales… La diferencia con estratos más altos es curiosa; esa otra cara de la moneda pasa por las mismas circunstancias aunque tienen mayores recursos para tomar decisiones acertadas.

No conformarse forma parte de algunas conciencias y de la historia. En los años 70,  en la isla Culebra de Puerto Rico, y en la Cerdeña, los habitantes de alrededor de campos militares de entrenamiento pudieron conseguir el cese de tales prácticas. En 1978, en Nueva Zelanda, las movilizaciones populares pararon la tala desmedida de árboles milenarios. En Estonia, en el 87, se cerraron minas biocidas mortales; en Escocia, en el 89, se acabó con un impuesto del s.XVI por el que pagaban lo mismo los pequeños aldeanos que las grandes tenencias. En el 98, un grupo de agricultores se negó a seguir comprando semillas sólo donde obligaban las grandes corporaciones, en el mismo año la agricultura francesa se congregó contra las multinacionales de fertilizantes cancerígenos. En 2008 las quejas a los desahucios protagonizaron en España grandes logros al exigir al parlamento la revisión de leyes, decretos y normativas. En USA en 2013 llegó el escándalo del control digital de las personas por parte de los gobiernos y hace poco, la presión estudiantil consiguió que la Universidad de Harvard destituyera a su decano por defender a un amigo  industrial del cine acusado de agresión sexual.  En 2019 una campaña ciudadana en Sudán llevó a los tribunales al dictador Onar al-Bashir, este año el ex presidente de Guatemala  cumple condena por criminal. El movimiento de los chalecos amarillos superó la acusación de pertenecer a la extrema derecha, como proclamó el gobierno francés, lo mismo que hizo en Nantes cuando grupos ecologistas impidieron construir un aeropuerto inútil en las llamadas Zonas a Defender.  

Desde que las revoluciones de 2011 estallaran en el mundo árabe, los intentos de exigencia han cambiado profundamente. El cómic y el grafiti se han establecido como dos de los principales medios de expresión. Considerados en ocasiones actos de vandalismo, este arte  ha posibilitado un nuevo medio para que las mujeres hagan llegar su voz a lo largo y ancho de este mundo: palestinas, jordanas, yemenís, egipcias dicen No con sus dibujos ante tantos desmanes.

Francesc Reina

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