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miércoles, abril 17, 2024
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Dejà vu

La vie est ondoyante escribía Montaigne, una observación muy acertada sobre el fanatismo, la incomprensión y el dogmatismo que, por épocas, parece aumentar: “El hombre es sin duda un tema maravillosamente inútil, diverso y ondulante” (que va y viene). Vivimos en una sociedad muy proclive a la consigna, donde la  verdad ya no es necesaria para convencer; quien habla bien parece que tiene más razón, por eso estamos llenos de embaucadores; hay muy pocos gallineros y muchísimos gallos que buscan, más que conversar, hacernos cambiar de opinión. El lenguaje es la moneda más devaluada en estos tiempos, suele representar un marco relativo, dudoso y discutible.

A pesar de todo, tomar decisiones es una prerrogativa humana, todos los días decidimos sobre cuestiones que no siempre están en nuestras manos. El neurobiólogo Robert Sapolsky habla de determinismo, una larga cadena en la que cada momento es el resultado de una experiencia anterior. No hay nada que suceda sin una explicación; recibir un mayor nivel de hormonas, por ejemplo, puede hacer que nos sintamos irritables o que tomemos riesgos. Todo tipo de aspectos (sobre los que no tenemos control) influyen en nuestro comportamiento; “la construcción del cerebro proviene de nuestra biología, nuestro entorno y la interacción entre ambos». Somos el resultado de aquello que no podemos dirigir, por mucho talento y esfuerzo que se pretenda ensalzar.

Pero trabajar e investigar en el campo social no es una ingenuidad, no interfiere en el análisis para colocar las cosas en su sitio. Habrá que aceptar que algunas personas son tratadas mucho mejor que el promedio, igual que otras reciben una atención mucho peor por cuestiones que escapan a nuestro dominio. Gran parte de la humanidad no tiene la misma suerte,  y aunque no es su culpa, carecer de habilidades no parece  ser una explicación suficiente ni convincente.

Sabemos lo suficiente como para entender que las vidas de ciertas poblaciones menos afortunadas merecen ser visibles, que el principal determinante de un bajo estatus tiene que ver con un contexto cultural plagado de insuficiencias, que provoca hándicaps cognitivos, inseguridad emocional, fragilidad educativa y bajo capital relacional, como apuntaba Bordieu. Sufrir necesidades divide a la población en dos, con todos sus matices (grandes sectores llenos de miserias, los enquistados en una situación difícil sin poder avanzar, encallados; luego están los que fluctúan dependiendo de cambios a favor o en contra… Finalmente, los soberbios, ricos y poderosos que consideran sus méritos resultado de su propio esfuerzo y dedicación. Las capas desfavorecidas no limitan su existencia al mero acceso a bienes materiales, no es solo desigualdad sino una cuestión de trato, la forma de atender el desamparo. 

No es nada fácil escribir sobre personas que no conocemos, tampoco narrar la supervivencia aunque, aparentemente, hablemos la misma lengua. Ya hay demasiados turistas del espectáculo de la caridad que se compadecen de las desgracias de los pobres y se van a dormir con el corazón bien ancho, explica el director de cine Mateo Garrone. Las historias han de encontrar su momento, lo importante es narrarlas desde la humildad, sin intrusismos. Reconstruir viajes es una forma de humanizar el relato, ponerle cara a algo que generalmente solo se conoce por cifras. Detrás de cada narración hay una familia, un deseo, una serie de sueños, y es importante hacerlo patente mostrando lo que habitualmente está escondido (no hay responsabilidad moral sobre aquello que no tiene cara). El dolor no debe ser argumento para una bonita biografía, un magnífico proyecto o un spot publicitario; quienes intentamos hacerlo bien, vivimos con esta contradicción. Para configurar un discurso convincente es importante acertar en aquello que creemos que es bueno: cultivar actitudes hacia el interés común, acciones de compromiso con los retos cívicos. Nunca nos habíamos dado tantos besos, escribimos las mejores poesías, de la misma forma que siguen las muertes injustas, discriminaciones por género, etnia, racialización, edad, ubicación geográfica, deslocalización… Somos una especie llena de contrastes.

También llamada paramnesia, el dejà vu trata de la sensación de haber vivido una situación con anterioridad sin que eso, necesariamente, haya ocurrido. Son errores inofensivos en la percepción de la memoria, por una pérdida de sincronización en el almacenamiento de la información al estar demasiado fragmentada, incompleta. Distracciones del cerebro; se dice que esta experiencia se da en mayor frecuencia, entre personas con mejor nivel socioeconómico y educacional.

Francesc Reina

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