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sábado, agosto 13, 2022
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Españolismos tontos de Ribera y peligrosos de Rajoy

“Ribera” no es un error material sino el apellido de la ministra para la Transición Ecológica. Convenía aclararlo porque ahora importa muy poco lo que pueda decir el también españolista Rivera, tras su doble fracaso en la política y en un despacho de abogados.

Ella, hace dos días, dijo: “A diferencia de otros países, España no ha vivido por encima de sus posibilidades desde el punto de vista energético”

Al día siguiente, 21 de julio y antes de las 9 a.m., José Luis Sastre, en la SER, le hizo la mejor pregunta que, ante una afirmación tan poco diplomática, un periodista podía hacer: “ministra, usted dijo ayer que, a diferencia de otros países, España no había vivido por encima de sus posibilidades… ¿A qué países se refería?”

Entonces la ministra recurrió a la opción que eligen casi todas las personas de la política que se sienten atrapadas por sus propias palabras: soltar un rollo que nada tiene que ver con una pregunta que los acorrala. Por tanto, Sastre y miles de radioyentes tuvimos que soportar estoicamente, y hasta el final, un discurso lleno de vacíos, y a esa hora de la mañana.

Cuando finalizó, el periodista demostró que la estaba esperando y, tajante pero educado, remató la faena: “entonces, ministra, no me va a decir ningún nombre de esos países”.

“Ninguno”, respondió Ribera, asumiendo por fin a la verdad que desnuda para conservar la ropa interior en medio de la derrota.

En ese momento pensé que, aunque solo fuera por pudor, el periodista se debería atrever a dar por finalizada la entrevista. Además, habría demostrado a sus colegas del cuarto poder que se puede tratar de igual a igual a cualquier representante de los otros tres.

Pero también recordé cómo soportaron al Rajoy vestido con un plasma sin que mediara otra pandemia que no fuera la de la corrupción sistémica del PP, y no pude evitar la conclusión de siempre, que no es sino el “respeto” en modo miedo que sigue protegiendo a una clase política que lleva más de 80 años formando tándem con un jefe de Estado inviolable en beneficio de ambas partes: primero, gracias a la protección que le proporcionaba su dictadura y, después, a un artículo constitucional que le blinda con parecida impunidad.

Pero ha salido Rajoy a colación, y también lo ha sido por las malas artes de un españolismo siempre peligroso, aunque dentro del orden establecido, cuyas consecuencias pueden ser graves porque no es el de España el único orden que rige en el mundo.

Españolismo es también defender la unidad de España contra viento y marea, a traducir por “cometiendo toda clase de delitos” y, por tanto, en mayo de 2014 el gobierno de Rajoy inició fuertes presiones sobre la Banca Privada de Andorra para conseguir información de algunas personas que no se sentían tan españoles como catalanes.

Como los andorranos no cedieron, desde el Gobierno español se presentó denuncia contra BPA ante la oficina de control de delitos financieros de EE.UU., consiguiendo que esa banca y su filial, el Banco de Madrid, se vieran obligados a cerrar en marzo de 2015, con pérdidas importantes para banqueros, bancarios y clientes. La denuncia, por supuesto, fue retirada, porque era falsa, pero había conseguido su objetivo, cual era cumplir las amenazas anunciadas por no colaborar con el gobierno español contra los catalanes a quienes había decidido perseguir.

La justicia de Andorra inició en 2016 una investigación sobre la quiebra de BPA y esta misma semana se ha sabido que Rajoy, Fernández Díaz, Montoro, Martínez y Cosidó serán investigados. Acto seguido, el muy españolista ABC conoció, o se inventó, pero en cualquier caso publicó, como haría Ferreras, una reunión celebrada el pasado 20 de julio entre Higini Cierco, el banquero arruinado por el Gobierno de España en 2015, y Álvaro García, el nuevo fiscal general del Estado, lo que ha provocado un desmentido de la fiscalía, que exige que ABC lo publique igual en sus páginas, es decir, en portada.

A mí, en cambio, me parece perfectamente creíble que se hayan producido contactos entre alguien del Estado español y “la persona a quien se cita en la noticia, o con alguien del entorno del supuesto banquero”, según los términos que el comunicado de la fiscalía utiliza en su desmentido por escrito, que no hacía falta ser tan “Rajoy” en un documento oficial de un gobierno Sánchez.

Es lógico que el gobierno de España quiera saber si nos costará más dinero pagar a Cierco lo que pida para retirar su demanda, o pagar la defensa de Rajoy y su gobierno por lo que perpetraron entre 2014 y 2015 a lomos de un españolismo que nunca se ha parado a pensar antes de decidirse a perder los papeles.

El precio que tendremos que pagar entre todos no será poco, sobre todo si Cierco se da cuenta de que España intentará evitar la suma de costes reputacionales que significan un juicio contra el anterior presidente del gobierno por un asunto muy feo, y otro igual de feo, siempre con las cloacas por medio, ante la justicia de UK contra el anterior jefe del Estado, despojado por fin de su inviolabilidad por una justicia que no acepta protegerlo de sus propios vicios.

Domingo Sanz

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