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Sant Adrià de Besòs
martes, junio 25, 2024
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Para la cura

El colibrí tiene un diseño de alas único que le permite moverse en círculo, volar hacia arriba, hacia abajo, atrás, e incluso al revés (dedicado al movimiento social, a las asociaciones vecinales, a las profesiones del cuidado, al voluntariado cooperativo…).   

Tal vez sea un secreto a voces que desear cambiar el mundo tenga mucho que ver con haber perdido la razón. La cordura es la mejor consejera para subsistir, pues reduce los hechos al orden de las cosas; lo contrario del realismo, que pide lo imposible allá por donde asoma y lo envuelve todo en una locura irreductible. Pero son los sueños la maravilla de lo cotidiano, el reino de este mundo, esa osada enajenación que impregna de amor los cuatro costados y acompaña los espejismos del corazón jugando al trastiempo, superando miradas deformadas, acudiendo a una lejana llamada de la melancolía.  

Se trata de seres insurgentes que atraviesan la línea quebrada como un acto de resistencia; sus disparates no son de índole clínica, más bien es cosa de gentes soñadoras, visionarias, idealistas, que transforman la realidad en ficción y al revés: la fantasía en lo verdadero. Lo irradian todo con cierta magia para reencantar el mundo en busca de justicia, con pasión y estima, con el deseo idílico de hallar un porvenir distinto que transforme las vidas, verso a verso, empecinados en no claudicar para hacer vivible lo imposible.

Deshaciendo entuertos, enmendando agravios, protegiendo a débiles y desposeídos, sobre todo a las mujeres, a los niños y a las niñas, haciéndole frente a diablos que con sus hechizos lo hacen todo más feo. Sus portentos sólo les son revelados a corazones valerosos, su osadía alimenta la generosidad con una fe que se expande y se contagia por muy dura que sea la lección. Un prodigio a menudo invisible para incrédulos que se burlan de la utopía, que la tachan de ilusión y velo que cae sobre los ojos de la sensatez; por ahí andan conjugando sus desconciertos entre la imprudencia y la cautela.

Inauguraron el desvío contra la ruindad, un deseo por irrumpir en el presente y llenarlo de esperanza. Almas lunáticas que, sin embargo, no han confundido a los gigantes y siguen creando lugares para lo justo con tan sabia sencillez que asombra, a menudo, a los más juiciosos, haciendo posible el mito agorero de la solidaridad con cantos libertarios e insurrectos, porque: “por la libertad se debe aventurar la vida, Sancho”.

Resurrección ambiciosa, sólo los locos se atreven con la certeza desafiando anhelos con principios que suelen ser negados, boicoteados o cancelados; y es entonces cuando sufren una alteración y se desdoblan, se sublevan y radicalizan para asomar por horizontes inéditos convocando al viaje más atento.

Más allá de la cantinela habitual acerca de que todos somos iguales ante la ley y mandangas parecidas, se trata de trabajar contra tantas prisiones, sin pecados.

Qué felicidad tan extraña es tener vocación, habitar la palabra como el sabir mediterráneo, aquella lengua franca, como la llamó Cervantes, construida para que individuos con diferentes idiomas, se entendieran entre ellos.

Francesc Reina

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