Lecturas para una pedagogía de la resistencia

Viajar no es tan solo desplazarse, supone mirar de otras maneras para  entender mejor lo que se ve. Observar bien un paisaje significa atender con buena óptica la amplitud de su pasado, una cuestión imprescindible para anticiparnos al futuro; sin embargo, también es en el detalle minucioso donde, tal vez, resida la clave para comprender las cosas. Las decisiones que tomamos vienen marcadas por nuestra biología y la relación que establecemos con el ambiente, es decir, la base educativa que nos conduce, de a poco o de golpe, a configura el carácter, nuestra biografía: capacidades y hábitos, posición, deseos satisfechos o no… Una cuestión más allá de la responsabilidad individual. Comenta el neurólogo R. Sapolsky que los comportamientos se acaban regulando hacia los 20 años. Mirar en exclusiva al sujeto separado de sus circunstancias impide valorar cómo respondemos a las dificultades y si, además, se pasan por alto sucesos no vividos u olvidados, perdemos la oportunidad de contemplar distintos marcos de interpretación.

Por ejemplo, la ecuación desigualdad económica-mala salud va más allá del acceso a la atención sanitaria. Habrá que analizar formas de vida en riesgo como el tabaquismo, el consumo de alcohol, la dependencia a la comida rápida, la maldita obesidad o su contrario, y contrastarlas con factores protectores como tener un buen oficio, un seguro, una matrícula en el gimnasio, acudir a espectáculos selectos, etc… La mala salud tiene tanto que ver con sentir desamparo como con estar en penuria, y más cuando se recuerda constantemente lo que no tienes; la precariedad en medio de la abundancia suele provocar altos índices de agresividad, como los escolares, embarazos o interrupciones, baja alfabetización, problemas mentales, disminución del apoyo social… En definitiva, factores psicológicos que influyen, con su trabajo sucio, el interior y el exterior del cuerpo. Al otro lado, como dice el economista Robert Evans, la secesión de los ricos: quienes tienen más suelen dedicar recursos a aislarse: en urbanizaciones, colegios privados, donando dinero para mantener su estatus. El alcalde Mandani opinó que la democracia debe tener un significado real pues, de lo contrario, parece reservada para quienes tienen suficiente.

Según el lugar que se ocupa en la jerarquía social, se sufre más o menos estrés. No todo el mundo tiene la suerte de contar con una madre que dispone del tiempo y la energía necesarios para ofrecer una crianza afectuosa. La pobreza infantil eleva el umbral de problemas en el organismo al llegar a la edad adulta, una amplia cota de enfermedades que van desde la aterosclerosis hasta el Alzheimer; un deterioro en el hipocampo -zona clave para el aprendizaje y la memoria-  aumenta los miedos, la ansiedad y la excitabilidad. En el sistema mesolímbico, crucial para la anticipación y la motivación, el atractivo de la espera disminuye, el cerebro sucumbe al placer inmediato. La necesidad distrae y agota, provoca indignación moral cuando llegan noticias sobre el retroceso en derechos de salud: la privatización, las listas de espera, los sesgos en el orden de atención, las suspicacias sobre afiliaciones de nuevas ciudadanías, las acusaciones de absentismo laboral, jubilaciones y medicamentos gratuitos…

No son ciertas las noticias a propósito de los resultados PISA: la distancia entre ricos y pobres no se ha reducido como se ha dicho, sino que crece, como lo hacen las guerras, la desigualdad de género, la carestía de la vida, el poder de la tecnología del beneficio, la subcontratación del sol y el viento y los fondos marinos… Las políticas no deberían confundirse cuando proponen que las escuelas compensarán la falta de una teoría de la sociedad con versiones más frescas de justicia. Las señales de alerta hace tiempo que están ahí, desde una edad muy temprana: el reto, decía Lyotard, está en la capacidad de explorar formas de debate más óptimas, como aquel profesorado que se implica en las dificultades habitacionales de su alumnado. Aprender a leer los desequilibrios enciende la imaginación, levanta preguntas para que la resistencia siga explicando historias y cuentos que regalen a la infancia el principal juguete: la alegría de tener un entorno que les permita el acceso al conocimiento.

Francesc Reina

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