El primero habría tenido lugar el 1 de enero de 2026 a las seis horas de la madrugada más vacía del año y en un bar sin camareros de una carretera sin coches mientras, en la otra orilla del Atlántico, Trump daba las penúltimas órdenes para secuestrar al presidente de Venezuela y a su esposa, aunque tuvieran que morir quien sabe cuántas personas inocentes, ninguna del bando agresor, que casualidad.
Pedro Sánchez: Hola Luis, ¡qué casualidad! ¿Qué se te ha perdido por aquí? Supongo que no estarás buscando uvas, porque eso fue hace seis horas. Por cierto, ya que estamos, ¿cómo lo tienes para firmar ya el Acuerdo a favor de las víctimas de la pederastia en la Iglesia Católica?
Luis Argüello: No sé qué hago aquí, pero, ahora que me lo preguntas, se me acaba de ocurrir una idea.
Pedro Sánchez: Dime, Luis, soy todo oídos.
Luis Argüello: Firmaré el Acuerdo ese del que me hablas, pero antes de que termine este mes tendrás que dimitir y convocar elecciones anticipadas.
Pedro Sánchez: Hombre Luis, si no lo hubieras dicho antes en público me resultaría más fácil. Además, lo dijiste dos veces, la última hace muy poco. Pero bueno, a ver, me parece bien. Los miles de menores de edad que tanto han sufrido durante décadas por culpa de lo mucho que habéis protegido a los pederastas con sotana para que no tuvieran que rendir cuentas ante la justicia merecen cualquier sacrificio, y por mí que no quede.
Luis Argüello: Y también quiero que renuncies a ser candidato en las próximas elecciones, tras la disolución de las Cortes.
Pedro Sánchez: De acuerdo, pero solo si tú envías una carta al Vaticano pidiendo que se suprima lo del celibato en la Iglesia Católica, que es el mejor caldo de cultivo para la pederastia.
Luis Argüello: Cuenta con ello.
El segundo café tendrá lugar el próximo 14 de febrero, aunque no sea un día cualquiera y en el mismo bar de carretera, pero ésta vez lleno hasta la bandera de conductores que se han parado a ver la tele porque en las emisoras de radio de sus coches y camiones han informado que los 250 componentes de un batallón completo de militares norteamericanos se han quedado congelados y cada uno en su última postura tras caer en la trampa de la “nieve caliente” que los daneses han activado en cuanto los de Trump han pisado Groenlandia, isla que quieren secuestrar en febrero tras el éxito de enero en Venezuela.
Pedro Sánchez: Hola Luis, ¡qué casualidad! ¿De nuevo coincidimos en el mismo sitio? Todo bien, ¿verdad?
Luis Argüello: De eso nada, todo mal. Ni siquiera has dimitido. No has cumplido la palabra que me diste.
Pedro Sánchez: Disculpa que no te lo haya dicho, pero mis contactos en el Vaticano me informaron que enviaste la carta al Papa con lo de acabar con el celibato, pero también que le hiciste llegar un mensaje personal diciéndole que no hiciera caso de la carta, pues la petición era para conseguir que yo dimitiera y que, una vez dimitido, yo ya no podía echarme atrás.
Luis Argüello: Lo que te han dicho tus contactos es mentira. Me estás engañando e irás al Infierno.
Pedro Sánchez: Luis, lo siento, pero sabes no me puedes demostrar que no le enviaste ese mensaje al Papa, pues el celibato sigue vigente en la Iglesia Católica.
Luis Argüello: Pero yo solo me comprometí a enviar la carta, no a no enviar otros mensajes.
Pedro Sánchez: Ves como tengo razón. Así no vamos a ningún sitio, pero, espera, que se me acaba de ocurrir una solución.
Luis Argüello: A ver, dime.
Pedro Sánchez: Te propongo que publiquemos un informe con nuestro lío firmado por los dos, tú y yo, y mira por dónde, me has pillado generoso y te doy a elegir, o convoco una consulta entre los afiliados del PSOE para que decidan si debo renunciar a presentarme a las elecciones anticipadas o convocamos, entre la Iglesia y el Gobierno, una consulta para tomar la misma decisión, pero invitando a participar a todo el censo electoral.
Luis Argüello: Muchas gracias, pero no. Te veo venir y creo que lo que estás buscando es quitarme, quiero decir quitarnos, los casi 35.000 inmuebles que nos regaló Aznar con la ley de 1998. Gracias por tu generosidad, pero me voy.
Pedro Sánchez: No sé por qué piensas eso de mí. De acuerdo, hablaré con Gabilondo para que tenga en cuenta que no has querido someter tu petición de que yo dimita a la voluntad popular, pero, Luis, no te vayas todavía, mira tú móvil, el mío dice que ya se contabilizan muchas más víctimas de las que había registradas antes de aprobar la ley. Y te recuerdo que tenemos pendiente lo de los bebés robados, que también puede tocaros algo Hasta otra. Cuídate.
Solo los dos protagonistas de este cuento saben si les han rondado por sus respectivas cabezas algunas de las situaciones inventadas, o parecidas, pues largas han sido las negociaciones hasta el Acuerdo que por fin se ha firmado y que ayudará a resolver un asunto de los que más avergüenzan a la Iglesia Católica española desde el fin de la “Cruzada”. Y también a los representantes políticos elegidos en las urnas desde el 15 de junio de 1977.
En cualquier caso, el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, debería informar a toda la sociedad sobre si su repetida y sorprendente petición de que Pedro Sánchez dimitiera tiene algo que ver con la expectativa de que, en ese caso, se habría ahorrado la firma de un Acuerdo que convertirá el 8 de enero en una fecha que pasará a formar parte de nuestra historia buena.
Señor Argüello, informe o confiese. De lo contrario, no dude de que todo se sabrá, antes o después, y usted quedará fatal.
Y a usted, que ha leído esto, le pido disculpas por incluir a Trump en el paisaje de este imaginario. Me ha parecido necesario destacar la importancia de que, en medio del caos creado por Trump y sus secuaces, nuestro Gobierno siga haciendo su trabajo.
Domingo Sanz


