El peso de las miradas

Las historias verdaderas, algunas veces, tienen como objeto lo falso. Carlo Ginzburg, in memoriam.

El lenguaje no es neutral, puede ser un campo de batalla, varía según cómo se narran los inconvenientes, según la mirada que se construye con las informaciones recibidas.

Las opiniones son muy diversas: toleradas, interesantes; difíciles de aceptar, equivocadas, inadmisibles… Pero siempre es más complicado explicar que opinar; el virus de la ignorancia se aleja cuando hay voluntad de dialogo para tratar el malestar fija los términos desde los cuales se interpreta la realidad: poder distinguir la verdad de la mentira para que la indignación no sea más rentable que la serenidad. En esto, el liderazgo es fundamental, cuidarlo es también ayudar a controlarlo (las emociones que nublan la razón precisan habilidad para orientar el sentido ético); no es bueno mantener aquella barbaridad bíblica de que todo lo ocurre es culpa nuestra.  

¿De verdad somos responsables de todo lo que pasa; quién construye los relatos y por qué razones se hace? Del reparto desigual de la credibilidad surge la fragilidad de las palabras. Los ojos ven de manera diferente según su esquema de búsqueda, usa determinados estímulos para emitir juicios.

En la gestión del  debate cabe la fórmula fraternal de la cooperación positiva (y mejor si llegamos al consenso), lo contrario es el monólogo, el mitin. Promocionar la charla, introducir el matiz (el comercio ha sido un buen invento pero el de esclavos es un hecho fatal), las excepciones (muchas malas hierbas no son tan malas, sino todo lo contrario). El cambio de los tiempos reclama intervenciones más inteligentes, como el uso de la lengua, ese invento de las cosas que nos hace mover o retroceder, ir más allá, ampliar los límites, contrastar, librarnos de prejuicios para comprender mejor lo que pasa. A tenor de lo que se observa, las sociedades pueden encanallarse, necesitamos ejercer más la capacidad crítica.

Permítanme un simbolismo incómodo, una ironía terca, el uso del término discriminar (polisémico, homónimo), se acompaña de significados como exclusión, segregación, rechazo… Pero también de otros: discernimiento, distinción, diferenciación, caracterización, delimitación…. A diferencia del primero, que se basa en conjeturas precipitadas, el segundo plantea el rigor del análisis, valida el conocimiento: separa, clasifica, evidencia, introduce la lógica, aplica el método… Ofrece una paradoja, el léxico no es estático ni rígido, evoluciona constantemente para adaptarse a las necesidades del contexto. Paronimias, enantiosemánticos, homófonías, homógrafías que manifiestan contradicción. Necesitamos parámetros para medir mejor y proponer flexibilidad. El pacifismo ha sufrido siempre sus antónimos, ha sido acusado de hacer el juego al poder con neutralidad sospechosa, estigmatizado por sectores fanáticos de posturas extremas e ideologías beligerantes, sigue soportando acoso de quienes priorizan la defensa armada (ocurrió con la objeción de conciencia). El debate sobre la efectividad de la no violencia continúa siendo motivo de controversia, sin embargo, el avance en las causas laborales, el sufragio femenino, el descubrimiento de las minorías y más tarde las aportaciones de la ecología  por el imprescindible respeto a los seres vivos, no han  llegado tras una revolución violenta sino gracias a la presión ejercida por los movimientos sociales y la diplomacia internacional. Cumplir con los deseos de la carta de los derechos humanos (1948) consolidada de forma global con la creación institucional de las Naciones Unidas resulta un buen pretexto y aunque las dificultades se siguen arreglando a golpes, toca agotar más posibilidades, incluso darles la vuelta (la drogadicción no solo se resuelve con terapias).

La generosidad de un intercambio de calidad requiere enseñar y aprender a reconvertir los conflictos en problemas para prevenir autoritarismos. Idear novedad con concepciones inéditas, inventar procesos y procedimientos para que discutan las propuestas y no las personas. El modo de interactuar consiste en elevar la dignidad a una exigencia compartida, hacer posible lo imposible es una actitud y un deber colectivo (cuidando los ritmos).  Para comprender lo que pasa no basta con un solo diagnóstico, faltan argumentos sin prisas. La verdadera  revolución es hacer buenas preguntas para llegar a una reflexión inteligente.

Francesc Reina

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