“Las consignas y los pretextos cambian, pero los métodos del desprecio son siempre los mismos”. Stefan Zweig.
En nuestra Constitución no aparece la palabra felicidad, pero subestimarla no sería correcto porque no es una cuestión ajena al Estado; son los gobiernos los que deben garantizar con su tutela el cumplimiento de los derechos sociales de los seres vivos, es decir, ofrecerles las mayores oportunidades. En el siglo XVIII, la Ilustración la incluyó junto al conocimiento y el saber; la Constitución española de 1812 en el artículo 13 declaró: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”.
Sin embargo, confundir la felicidad con el bienestar pasivo, el placer inmediato o la ausencia de problemas, lo que JA. Marina denomina felicidad blanda, es un error. No es superfluo repetir lo que es cierto: nada tiene que ver con la comodidad sino con el esfuerzo, una idea muy unida a la de libertad: esa capacidad de resistir y reponerse a las dificultades resolviendo los problemas. Libre es un concepto jurídico, no psicológico, se trata de utilizar bien la información, y completarla.
Las metáforas ayudan a pensar…
Nuestro planeta se ha recalentado, atraviesa un umbral donde el agua se ha convertido en vapor. Es la sociedad gaseosa, allí donde todo se vuelve más impredecible y lo caótico domina sobre el orden como sugirió Jan Baptista van Helmont hace siglos y que han superado, para nuestra desgracia, las propuestas del viejo Bauman. Son formas que tienden a volverse dominantes dentro de los medios, en el trabajo, el aprendizaje o la política, moviéndose por el espacio sin control.
Algunos creemos que se vulnera la justicia cuando, por origen, condición o ideales, siempre hay alguien atacado que no puede defenderse. Debemos anticiparnos a los resultados de las acciones ya que, cada vez, caben menos las segundas oportunidades. El clásico método de ensayo y error está fracasando. En un mundo gaseoso es demasiado ingenuo ensayar cuando ocurren fatalidades, es como estar en un punto sin retorno, un panorama irreversible, reflexiona el profesor Innerarity: hay situaciones que ya son irrecuperables, reparaciones imposibles, y otras sobre las que tenemos un limitado poder.
Un cambio de época reclama una transformación radical de la política pues no puede seguir administrando un modelo rentista de pirómanos con ninguna previsión y malas decisiones: evasión de capitales, gobernanzas rendidas a burbujas financieras, volatilidad económica, especulación, flujos comerciales, intercambio de divisas, bulos, nebulosas que crean pánico mediático. Alejados de la realidad, castigan las poblaciones comprando favores políticos con información vaporosa, caótica, con palabras que prometen pero no realizan; poder y puro conflicto, un capitalismo violento, un liberalismo acabado y una social democracia confundida (amén de otras corrientes). Es el poder, con sus satélites y sus máscaras, desviando la atención hacia paraísos fiscales con sus ceremonias de confusión, sembrando escrúpulos para que no enfoquemos el debate en el sistema que lo está permitiendo.
Un deseo: que la capacidad de construir comunidad (tal vez el único antídoto) siga siendo inherente al ser humano por mucho que lo pretendan impedir. La defensa de los derechos ha de renovarse, Igual que el despotismo adquiere nuevas formas para combatirlos.
Funcionarias de la humanidad, de los espacios protectores: acompañar, en muchos casos de manera voluntaria, es ofrecer posibilidades para ejercer la libertad. La felicidad se aprende, se entrena y se construye con herramientas y condiciones, trabajando el hábito de la voluntad, la fortaleza mental y el valor que nos aporta aceptar que nos equivocamos. La vida en comunidad, de proximidad, el punto de vista emocional del intercambio, los cuidados y la ayuda mutua son iniciativas de carácter informal que fabrican cercanía, como describe el antropólogo Carlos Giménez. Tiene que ver con lo que estamos hablando: abrir puertas y ventanas para reforzar las relaciones, propone ayudar a pensar por uno mismo, escuchar distintas opiniones para comprender mejor las diferencias, reflexionar antes de decidir, reconocer que ser responsable significa saber que nuestros actos tienen consecuencias. Porque pensar también es actuar para el bien común.
Este viaje toca a su fin, y aún queda un breve descanso a la sombra de un árbol, cuando hay. El fracaso de las miradas deshabitadas es cuando alguien chilla a medio metro del otro sin darse cuenta de que está sufriendo un tsunami en su cabeza, detrás de la nariz, y lo peor es que no se da cuenta. Un par de películas: Un lugar llamado Milagro, Las pequeñas victorias.
Francesc Reina


