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Dimarts, 23 de Gener de 2018
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Domingo Sanz - - 19/12/2017

“Primarias” en Catalunya el 21D y otras intuiciones

Se han publicado muchos sondeos sobre el 21-D pero, como no han contado conmigo para prepararlos, en medio de tanta pasión contestaré a las preguntas que incluiría en mi encuesta emocional.

Primera. ¿Quién en España se puede parecer más a un republicano catalán de los que llevan el independentismo frustrado en el ADN? En mi opinión, cualquier afiliado socialista de los que llevan el republicanismo tan convencido en el alma como escrito en el papel mojado de los estatutos de su partido.

Segunda. ¿Qué otro político nos recuerda más al Carles Puigdemont destituido por un 155 llamado M. Rajoy? Evidentemente, el Pedro Sánchez dimitido a la fuerza por su propia Comisión Ejecutiva, teledirigida por Susana Díaz.

Tercera. Redundando, ¿hay algún líder que se parezca más al Sánchez que dimitió voluntariamente de su escaño para no votar contra su partido ni a favor de Rajoy, que los Puigdemont o Junqueras, que mantuvieron una proclamación testimonial de independencia a pesar de que sabían que, o tendrían que salir huyendo o serían encarcelados? No me viene a la cabeza el nombre de ningún otro líder máximo que se haya atrevido a tanto.

Cuarta. ¿Recuerda usted algún proceso electoral que se parezca más al del 21D catalán, polarizado entre dos bloques irreconciliables y con un Xavi Domenech en medio, que el de las primarias de los Sanchistas contra los Susanistas, con un Patxi López tan equidistante como perdedor desde el principio? Tampoco recuerdo ningún otro tan semejante.

Quinta. ¿Ha vivido usted alguna campaña electoral tan plagada de insultos y desprecios del grande contra el pequeño como la que estamos descontando hasta llegar al día 21de diciembre? Pues sí, cómo no recordar la ironía envenenada del definitivo “No mientas cariño” que Susana le escupió a Pedro durante el único debate al que se atrevieron los tres candidatos de las Primarias del PSOE. Entre compañeros socialistas aquello fue mucho más grave que todo lo que cualquier españolista pueda decir de los independentistas catalanes tras siglos de ser, estos, destinatarios de mil envidias disfrazadas de otros tantos odios y, aquellos, carne de cañón de quienes, siempre amenazantes y en ocasiones violentos, necesitan inventar miedos y enemigos por todas partes.

Sexta. ¿A qué nos recuerda el bloque del 155 destituyendo a los representantes electos de Catalunya y convocando después elecciones autonómicas en plan ventajista, con varios líderes de las candidaturas adversarias en la cárcel o fuera de las fronteras para no ser detenidos? Exacto, lo más parecido que encontramos es la Comisión Gestora del PSOE, que convocó las Primarias para que Susana, desde el Palacio de San Telmo, intentara derrotar a un Pedro que se tuvo que lanzar a la carretera, acompañado de cuatro más, contra el aparato por una parte y la coalición de jarrones chinos y barones del partido, por otra. Ayer domingo, apoyando a Iceta, se “reconciliaban”, por fin, Sánchez y Zapatero. Llegar a eso mismo con Felipe y otros… en el futuro, quizás.

Séptima y última de este bloque, a modo de estimación sobre comportamiento electoral: ¿Por qué motivo millones de catalanes, despreciados y maltratados por el Gobierno de M. Rajoy, tendrían que votar un jueves de diciembre con un deseo de revancha menor que el que impulsó a la mayoría de los socialistas a rehabilitar a Sánchez un domingo de mayo? Quizás solo sea casualidad, pero una de las decisiones de la Comisión Gestora que peor sentó a miles de socialistas fue, precisamente, el apoyo a la investidura de M. Rajoy, líder del único partido que puede recibir tal derrota en las urnas catalanas que hasta podría perder su grupo parlamentario. Por si a la respuesta más lógica le encuentra usted alguna pega, compruebe que fue precisamente en esta tierra llena de independentistas donde el candidato Sánchez aplastó con mayor autoridad democrática a la candidata Díaz que, en una Catalunya también plagada de andaluces consiguió un microscópico 12%, frente al 82% de Pedro.

Habrá quien responda que una muestra de afiliados de un solo partido no tiene nada que ver con el censo electoral de Catalunya. Respondería que todos son personas y que, ante unas urnas tan crispadas como ambas hay actitudes que podrían ser compartidas. Pero es que, además, estas “primarias” catalanas del jueves 21 de diciembre tienen también unas particularidades que, desde mi modesta intuición, redundan aún más en la posibilidad de una sorpresa para la noche del 21 al 22 de diciembre. Seguimos en modo interrogatorio.

Octava. ¿Es lógico pensar que, de manera espontánea pero calculada, una parte de los miles de independentistas que han sido encuestados durante los últimos días hayan preferido ocultar en la mayoría silenciosa su intención de voto? Ni me parece algo descabellado ni necesario explicar el motivo. Es el mismo que llevó a algunos de los reos a mentir al juez, pero dentro de la ley, para poder atravesar las rejas hacia la libertad condicional. Es el mismo que lleva hoy, quien lo podría imaginar tras cuarenta años de democracia presumida, a muchos catalanes a inventar trucos para engañar a la Junta Electoral pintando el amarillo con otras tintas, o construyendo metáforas para exigir la libertad de los presos políticos en las pancartas.

Novena. Entusiasmada hoy, en cambio, la otrora mayoría que dicen estuvo silenciada, ¿tiene lógica pensar que se ha producido un abultamiento demoscópico de su verdadera voluntad de acudir a las urnas para votar a favor del 155 en cualquiera de sus tres versiones?

Décima. Hablando del mismo bloque españolista, ¿es de sentido común pensar que decidan abstenerse, o estropear su voto sin que se note, por si hubiera vigilancia, aquellos que, incompatibles con el peligro xenófobo que implica un García-Albiol, saben que, aunque voten a Arrimadas o al PSC, al final todos quedarán en manos de los diputados que consiga el del PP, por muy pocos que sean?

Undécima. En relación con los votantes de izquierda no nacionalista me pregunto dos cosas: ¿Les ha dado tiempo, a las doce encuestas que ahora diré, a reflejar el impacto de la notoria desautorización a Iceta desde el PSOE por lo del ridículo indulto a unos adversarios políticos todavía inocentes? ¿Y el de la masiva audiencia que está teniendo un video que no para de inundar las redes, el de un Albano Dante de Podem hasta antes de ayer pidiendo esta vez el voto a los independentistas solo para que Rajoy no haga suyos los de todos los demás, incluidos los que consigan los Comunes?

Contestadas las primeras once preguntas de esta encuesta tan personal, regreso a la normalidad. Tengo delante de mí la página 34, en papel, de uno de los diarios del Grupo Prensa Ibérica, el del sábado pasado, día 16. Nos ofrece un cuadro con los resultados que aportan las doce encuestas publicadas sobre el 21-D durante las últimas cien horas, que se dice pronto. He cargado sus resultados en una hoja de cálculo, incluidos los del la publicada por el CIS el 4 de diciembre, total trece, pues, y he insertado cuatro fórmulas de aritmética sencilla. Las distintas estimaciones de máximos y mínimos en varias candidaturas proporcionan 26 futuribles para el reparto de escaños en el Parlament de Catalunya. Son los siguientes:

Ni una sola de las 26 posibilidades da mayoría parlamentaria al trío del 155.

Aparecen ocho opciones de mayoría parlamentaria para los independentistas, el 30,7%.

Por tanto, en 18 casos la bisagra correspondería a unos Comunes sometidos a unas tensiones internas sobradamente documentadas.

Mientras calculaba esos números, me entran al mismo tiempo y en el mismo móvil, dos cosas:

Un wapp con el desglose de los cientos de miles de menciones sobre las candidaturas a las catalanas realizadas en Twitter durante la campaña electoral. Aunque muchas sean para insultar, se considera un termómetro representativo del grado de movilización de los seguidores de cada candidatura, con incierta pero evidente repercusión en las urnas. Para saber a qué atenerme acudo al Twitter previo al 27S de 2015 y compruebo que los independentistas han subido doce puntos, que son muchos, mientras el bloque del 155 ha perdido nueve. El descuadre lo resuelve la evolución de los Comunes.

Y también un correo electrónico de un amigo, inscrito en Podemos, que pronostica lo mismo que la mayoría de las encuestas: una “sólida”, pero siempre incómoda bisagra, para los de su partido.

Desde las intuiciones que me han llevado a escribir todo lo que usted acaba de leer, no es necesario que confirme que mi pronóstico me lleva a pensar esta vez en una mayoría absoluta de los independentistas, no solo en los escaños como en 2015 sino también en las urnas.

Ante esta posibilidad, o cualquier otra, no se puede perder nunca la perspectiva del Estado Español mientras exista. Muy grave es, en mi opinión, la responsabilidad en la que están incurriendo tanto PSOE como Podemos al no presentar en el Congreso de los Diputados, antes del próximo jueves, una moción de censura contra M. Rajoy para atarle las manos y así evitar que su reacción ante lo que salga de las urnas pueda ser la de insistir con su política de siempre: la de conseguir votos en el resto del Estado atizando la presión, el odio y la burla hacia Catalunya. Por qué ha sido de vergüenza oírle decir, creo que fue el viernes 15, que “su gobierno, con los catalanes, lo único que está haciendo es lo que le pide la inmensa mayoría de la opinión pública española”.

M. tiene razón. Lo que estaba deseando que sucediera solo para poder excusarse ha sido escrito, hablado y hasta gritado con profusión, aunque también para mayor desgracia de nuestro futuro. Las pruebas concretas y textuales de esta indecencia colectiva las presentaré en próximos artículos. Desde el 1 de noviembre tres hemos estado trabajando, con paciencia, para conseguirlas.

 

 




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