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Divendres, 24 de Novembre de 2017
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Dario Julià - - 12/6/2017

La pobreza

A pesar de los tiempos que corren, aún se sigue vendiendo una única visión homologada de la verdad con mensajes que obedecen a los intereses de los propietarios del mundo y que insisten una y otra vez en el éxito de los más aptos.

Sin embargo, cuando el gran James Stewart en Horizontes Lejanos dijo aquello de que “las personas no somos manzanas” se abrió paso una nueva estética que pretendió enterrar cualquier construcción de frustraciones. Hace mucho que la teoría de las manzanas podridas descubrió un engaño -que aún persiste- y que no cabe en el dolor del mundo. A pesar del alud de datos que demuestran una y otra vez las mentiras más fértiles, el negocio del miedo sigue campando a sus anchas, acusando de vicio, de vagos y maleantes, a gente que se cae, que se ha caído y que se caerá… En todos lados hay gente que tropieza, forman parte de una pobreza ancorada donde el elemento común fue, es, y sigue siendo, la desprotección, el gueto y la exclusión.

En el futuro parque de la calle Entença un eco de voces quedará náufrago, preso en la nostalgia. Reposarán, derrotados pero libres, los fantasmas de la Modelo. Abrevarán sobre piedras derramadas, se mezclarán entre el meollo, en un camino de hormigas de desasosiego que suben por las cortezas, serán refugio de caracoles entre musgos y canto de aves, serán barro a los pies de algún árbol joven.

Sólo el tiempo que transcurre lo va pudriendo todo. Será cosa nuestra darle la vuelta para encontrar los enveses de la historia siempre colmada de puntos suspensivos y tranquilizar, así, tantas verdades aplazadas.

Se perdieron muchas primaveras y desvíos en aquel lugar. Espejos que reflejan la sociedad, decía Foucault. En las prisiones hay gente que lamenta su vida estropeada, que intenta convencerse de que en un tiempo derrochó. El alivio sólo puede ser volver a empezar...

Hay historias que muerden. Están ahí, vigilan para ir construyendo el paisaje de mañana. Maldito sitio triste. Las historias hay que cerrarlas para seguir viviendo, para que no se siga entronizando el egoísmo, el engaño de la pobreza moral. Para protegernos de esos perturbados que viven en barrios caros, en bastiones de riqueza.

 

 




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