Publicitat
Publicitat
Publicitat

Dissabte, 11 de Juliol de 2020
Portada Actualitat Esports Cultura Entrevistes Opinió Videos

Francesc Reina Peral, pedagogo - Sant Adrià - 25/5/2020

Voces rotas

Los últimos que salieron de la crisis de 2008 han sido los primeros en sufrir la de 2020. Mala noticia. Tal como pasó entonces, han tocado fondo  aquellos que jamás hubieran pensado que  necesitarían lo más básico. Las crisis afectan por desigual, retiran de un soplo a los grupos humildes, se recrean con quien menos tiene, sobre todo quien sufre de salud mental o funcional, de adicciones. Es hostil con jóvenes que buscan su oportunidad laboral y con los de más de 45 años; queman las cartas de los presos, olvidan a las madres solas, enfadan a los náufragos, desamparan a las mayores.  El virus de la pobreza se desmelena cuando  asalta a niñas sin terraza, a niños sin ordenador.

La condición indigente de estas letras  está basada en hechos reales, pretende abrir un hueco para mirar al sujeto destruido. Ahora  que está de moda hablar de vulnerabilidad toca recordar que hay gente que sigue viviendo en el infierno, que mantienen con la realidad una relación mínima donde la noche no acaba, la larga noche de cavernas y suspiros en un punto poblado de viejos beodos, turba de nocturnas aves, islas cada vez más separadas del continente, embrutecidos –no todos- de vino grosero para olvidar las ilusiones que van quedando atrás.  Sucios de amor, llenos de fantasías y, luego.., las pesadillas que dejan la boca agria, el sudor frío y el vómito amargo, tragos que bajan como el agua y encienden la sangre, excitan el cerebro, y al rato,  comienzan los cuentos, las canciones y las lágrimas.

Son artistas desarreglados en este teatro donde habitamos, un espectáculo donde siguen expuestos por negarse a renunciar a las carencias; aunque no viven así por voluntad propia, no buscan placer, la cuestión –aunque no lo parezca-  es que desconocen la satisfacción, no la encuentran ni del derecho ni del revés.

Voces rotas  que hacen rechinar la Justicia, profesiones imperfectas, oficios trastornados.  Lo que les podría salvar tiene algo de reconstrucción de una memoria quebrada. Últimos de la fila. José Antonio, encerrado en su jaula invisible (no duerme en el albergue porque le quieren envenenar, dice).  Manuel, bajito y esmirriado (en el paro le han penalizado con sellar más meses para recibir algo, se olvidó de sellar porque estaba deprimido). Algunos, metidos a tontos, como Miguel,  saludan a la luna militarmente (tal vez cobre una paga, por fin, a sus 65 años). Carlos, que se pasó a la verdura, ocupa una casa “bien” frente a un colegio -siempre ha querido ser maestro-  (no pide la revisión de discapacidad –cobra muy poco- porque no quiere que se la quiten, dice que estuvo enfermo pero ya no). Ángel, sorbiéndose los mocos engusanados  para despejar los conductos tapados por lágrimas, multado por colarse en el transporte (embargado en una prestación que se puede recurrir pero él no sabe). Alina que ya no ha de visitar hombres, lo que cobra ya no se lo queda su chulo (está en prisión por herirla a navajazos). Emilia que se muere de asma y ahora cuida a una nieta en casa de un amigo.  Antonio, perseguido por sus propios pasos (ya no se acuerda ni de su nombre). Francisco que estuvo a punto de perder la paga porque no respondía a las cartas  de la administración –está en una Clínica Mental-.  Paco, resolviendo a golpes de corazón los chillidos de angustia de las malas madres que se aprietan en su rincón llenas de rabia.

Decía Borges en su Historia sobre la infamia que llama más la atención escribir sobre perdedores, perdularios fracasados, calaveras e infames: “la caída, el yerro o el pecado son mejor ocasión que la virtud”. 

Los últimos serán los primeros, palabras del papa Francisco sobre el evangelio de San Mateo,  en abril del año pasado dirigidas a unos deportistas; pero vienen al caso: ser últimos, decía, es ver la belleza en las cosas más pequeñas, tratar de aceptar nuestros límites con serenidad, tener claro a dónde vamos y hacia dónde nos llevan nuestros esfuerzos. Jugar limpio, ser correctos y leales, tener un gran respeto por el adversario. Es el triunfo de la humildad sobre el triunfalismo del mal que busca, sólo,  la visibilidad mediática. 

Amén.




Has d'identificar-te per escriure comentaris
| Edició impresa pdf | Edició impresa Online | Tarifes publicitaries | Grupo Area 96 | eltemps 1996-2014 © Àrea Besòs | Tots els drets reservats.


C/ Besòs, nº 7 - Sant Adrià de Besòs - Barcelona (Spain) C.P. 08930 Tel. 93 462 18 63
Gerencia: Jose M. Pulido | Dpto. Comercial: José Alcalá | Producción: Montse Saez | Administración | Web master: Jose Mejías | Informática: Pedro Santos | Publicidad: Jose ALcala