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Diumenge, 31 de Maig de 2020
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Francesc Reina Peral, pedagogo - Sant Adri de Bess - 30/3/2020

Arrullo para no dormirse

Las teorías sobre la conspiración se centran en las causas que provocan la desmovilización social. Los poderosos mantienen sus decisiones políticas y económicas a base de estrategias coercitivas hechas por instituciones globales, que defienden los intereses del sistema dominante.El relato histórico se mantiene en sus  manos, los sucesos son controlados por grupos de manipulación que organizan los acontecimientos desde detrás: ninguna organización popular podrá romper ese destino; si se orquesta la creación de un culpable, se logra el objetivo. 

Cuando nos visita un recuerdo en el horizonte, alguna experienciaque frustre esa maquinaria de artes inmorales, se hace necesario celebrarlo. Pasó con la Plataforma contra el trasvase del Ebro, un movimiento cívico que en el 2000 adquirió dimensiones inesperadas tras larabia desatada por la provocación del gobierno catalán y  el español que la acusó de usar tácticas fascistas.

Dice el refrán que cuando las aguas bajan turbias los más avispados aprovechan la ocasión para hacer negocio. El mercado salvaje está consiguiendo, una vez más, que vayamos a remolque de las circunstancias a pesar del empeño de la buenaciudadanía preocupada por el prójimo, gente digna que ve (o no) cómo lo público se va vendiendo a los grandes conglomerados. Y mientras tanto, los de la izquierda sin ponerse de acuerdo. Así de triste. Sobrevivir en la jungla del nuevo capitalismoes que ya no se considere al trabajador como empleado sino como asociado, a costa de no pagarle la seguridad social, ni festivos, ni horas extras. En el triunfo de lo precario, la conciencia de clase deja paso al llamado emprendedor, muchas veces metidoen oscuros ambientes laborales donde el abuso cuenta con la complicidad del compañero que acepta el terrible sálvese quien pueda. Cuando no la violencia administrativa con sus pesadillas burocráticas.

Para seguir muertos de miedo, que duele más que los golpes, para mantener la fragilidad, irrumpió el dudoso discurso de que hay que cuidar de uno mismo e ignorar al vecino; que la competición es más importante que la colaboración. Hace décadas que el bien común se ha ido destruyendo gradualmente. Y se sigue culpando a la inmigración, una guerra sucia contra las ideologías contrarias.

En tiempo de verdades a medias, un referente de ánimo para partidarios del rescate de realidades negadas, se encuentra en Nantes y le llamanZona a Defender (ZAD). LaZone à Défendre, fue una  resistencia tenaz contra la construcción de un aeropuerto ideado en los años setenta, para preservar la fauna endémica en los humedales de la región, un ensayo de utopía regido por una democracia inspirada en el ecologismo. Lo consiguieron con no pocos esfuerzos. Sin embargo, aún hoy, las autoridades aseguran que se trata de “militantes de ultraizquierda, con un comportamiento violento y contrario a la República”. A veces parece que lo que nos queda de humanos es que,a pesar de la infamia, siguenlas ganas de compartir experiencias en esos lugares donde habitan los por qué, con su manojo de preguntas.

Hará falta hacer un mapa de Zonas a Defender para que la justicia social mantenga el viejo postulado de proteger a la gente normal que necesita ser salvada, y de paso, también para la que ya está en el suelo.




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