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Diumenge, 19 de Maig de 2019
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Francesc Reina Peral, pedagogo - Sant Adrià de Besòs - 23/4/2019

Desnudando la pobreza

En la sociedad de la abundancia y del crédito era difícil explicar que se estaba produciendo una extensión de los riesgos ante la crisis económica. Era casi imposible aceptar que cada vez se iba extendiendo a capas más amplias. La crisis de las hipotecas y luego la de los alquileres, en el marco de la especulación inmobiliaria y la ley de arrendamientos, rompió con la sensación de tranquilidad: la falta de trabajo, el bloqueo a medidas de protección social, la vida en soledad con enfermedades o discapacidades mal atendidas; todas las -violencias hicieron el resto. En cuatro años, el alquiler en Catalunya se ha incrementado un 20%; el 64% de los desahucios son derivados por impago del alquiler; el 34% padece problemas de salud crónica (se incrementa en las mujeres mayores de 55 años).

La pobreza extrema se ha asociado a la figura del vagabundo, persona que vive de la limosna y en la calle bajo el amparo de entidades caritativas. Aún hoy existe este pensamiento ilógico que fundamenta que vivir sin hogar está asociado a alguien que ha llevado una mala vida y no quiere rehacerla. Pero, más allá de ideas preconcebidas, las circunstancias que llevan a situaciones de exclusión superan cualquier etiqueta, el estereotipo de alcohólico marginal cae ante datos –muchas veces insuficientes- que intentan visibilizar el drama de personas agredidas, forzadas y robadas.

Vivir sin hogar significa vivir en provisionalidad, con pocas posibilidades de reconstruir redes de apoyo que permitan desarrollar relaciones estables, una función social desprotegida que se ceba especialmente con el futuro de la infancia. Es hora de ajustar el concepto de “normalidad” y trasladarlo a tantas poblaciones desprotegidas que padecen el incidente de no disponer de un espacio físico, o tenerlo pero carecer de privacidad, o sin las comodidades y la seguridad necesarias… Vivir o dormir en la calle, en casa de familiares o amistades, en coches o caravanas, en centros de acogida limitada, realquileres, ocupaciones irregulares, etc, es consecuencia de pobrezas diferentes que evidencian el agotamiento de los recursos administrativos y un malestar que dará mucho que hacer en años venideros.

La sociedad del riesgo se gestó con la globalización de un nuevo capitalismo, impuesto violentamente, que debilita las redes de relación con reformas que ponen en riesgo a muchos grupos a los que se les  fabrica una sensación de deuda acreedora y culpabilidad, una trampa para pobres que privilegia el modelo burocrático de certificados para necesitados a través de lo que Foucault llamaría microfísica del poder, en donde el esquema jurídico da paso a uno técnico para ser el dedo verdugo. Una plutocracia cada vez con más ingresos que opera desde la comodidad de sus despachos inversores y a la que le importa un comino lo que les pase a los demás. La década pasada las ganancias de los milmillonarios se incrementó en un 13%, 21 veces más que el salario medio anual obrero del 2%.

El sistema de las pensiones, pilar del Estado del Bienestar, tiembla aun siendo el único ingreso de familiares en paro que dependen de su padre o madre. El Salario Mínimo Interprofesional es uno de los más bajos de occidente (en Catalunya, las ganancias anuales del 18% de las mujeres está por debajo del SMI). La población femenina es especialmente vulnerada, tres veces más que hombres trabajan en contratos parciales y los hogares monomarentales cuestionan la igualdad de oportunidades: la media europea de protección a la familia y a la infancia es de 2’4%, en España es del 1’3%; en Catalunya el abandono prematuro de los estudios es del 17%, siete puntos más de la media europea. Un informe de la Comisión Europea constató que de la Garantía Juvenil sólo se benefició un 11% a diferencia de Francia con un 80%. Un tercio del gasto anual de las familias catalanas dedica el 30% al pago de suministros, el incremento de agua-gas y electricidad han subido más del 60% en los últimos años.

Ha nacido una nueva clase social, comenta el sociólogo Guy Standing: el precariado, así lo publica ECAS y FOESSA en recientes estudios. Convendría tomar las riendas de nuestro destino, en reflexiones de Locke, y dejar de poner la esperanza sólo en un individuo iluminado que imita la actitud dominante del “yo primero”, para comenzar a realizar proyectos sociales en clave colectivista.






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