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Dilluns, 22 de Octubre de 2018
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Domingo Sanz - Sant Adrià - 8/10/2018

El PP roba gobiernos, pero las mujeres podrían evitarlo

Los muchos años que llevamos comiéndonos la mierda que flota en el pozo de corrupción que es lo público en España han conseguido que nos acostumbremos a cualquier vergüenza de las que aparecen en portadas y pantallas. Ahora, aunque seguimos igual, la cabeza más fría nos permite ver esta lacra desde perspectivas distintas a las de siempre. Y también pensar en nuevas soluciones para poner barreras a su expansión.

Una perspectiva diferente.

Hoy sí, pero nunca antes se me habría ocurrido preferir que los militantes del PP que han robado como Granados, González, Matas, Fabra y tantos más, de muchos de los cuales nunca sabremos nada, se gastaran todo ese dinero en confetis para adornar comilonas de comuniones infantiles o en bodorrios de sus hijas en los escoriales. O que lo invirtieran en áticos de una Marbella que siempre será Gil. O incluso que lo sacaran de España, aunque en la pantalla de “El Reino” el viejo corrupto le diga al joven ídem que llevarse el dinero a Suiza en una maleta es una horterada, mientras el patio de butacas se rompe de la risa. O, y acabo por ahora con el listado infinito de indecencias, lo usen para encargar "volquetes" de personas mucho más decentes que las que les compran sus servicios inconfesables.

Si, hubiera preferido que se lo gastaran en vicios privados en lugar de entregar una parte al PP para que siguiera financiando fuera de la ley sus campañas electorales y así poder robarnos los nuevos gobiernos, muchos municipales. La política siempre ha sido para ellos una manera de ganarse la buena vida y, por tanto, un negocio. “Solo son negocios”, que te dicen cuando pierdes. Y, como en todo negocio, para sobrevivir es imprescindible mantener el control de los intereses creados. Robarle un gobierno a la voluntad popular es condición necesaria para después robar desde el gobierno. Con la mayor impunidad posible.

Nuevas soluciones.

Contra la corrupción son necesarias soluciones originales porque, a posteriori del delito, la Justicia sigue fracasando de manera estrepitosa. Las condenas a los políticos pillados con las manos en la masa son de risa, comparadas con las que correspondería aplicarles como ladrones de gobiernos que son, expertos en torcer, con el dinero negro que nos han robado antes, la voluntad popular de donde nace la sagrada democracia. Lo mínimo que procede, para impedir la destrucción de pruebas y la reincidencia en los delitos, es el nombramiento inmediato de administradores judiciales que tomen el control de los movimientos financieros de todas y cada una de las organizaciones del PP.

Pero tal medida, como tampoco la del muy conveniente embargo preventivo de todos los bienes del mismo partido, jamás será adoptada por quienes deberían.

Pero cada momento histórico abre caminos para progresar o retroceder, y las grandes desigualdades son, en ocasiones, la causa de los grandes cambios. En el presente creo que las mujeres podrían cumplir un papel decisivo.

Primero expondré algunas evidencias en modo resumen.

Sin que nada tenga que ver con el eterno problema de la corrupción, otro igualmente eterno, el de la lucha feminista por reducir la distancia que separa a las mujeres de los hombres en cuota real de poder político también ha observado cambios importantes. Una actualidad que se parece más a un tsunami que arrasa cada 24 horas con todo lo ocurrido el día anterior no debe hacernos olvidar la gran movida del pasado 8 de marzo en nuestro país, con huelga general solo de ellas incluida, que dio la vuelta al mundo. Y también los resultados efectivos que se consiguieron.

Por cierto, ¿cuáles fueron?

Porque lo cierto es que el sistema establecido es capaz de asimilar muchas de las movilizaciones sociales que se producen sin ceder a las reivindicaciones que reclaman. Al menos hasta que las asimila y las convierte en negocio. Sin salir del caso del 51% de la población que reclama más poder real, si quieren conseguir victorias aquí y ahora, quizás deberían revisar tiempos, métodos y objetivos.

En democracia, el momento crítico para las transferencias de poder está marcado a fecha fija por las urnas. Pero en realidad es antes, cuando cada partido compone las candidaturas con las que competirá por los votos.

Y resulta que la próxima primavera deberán renovarse todos los alcaldes de España. Por tanto, o deciden pasar a la ofensiva ahora mismo, o tendrán que esperar a que aterrice una revolución. O hasta las próximas elecciones. Además, hay que huir de ciertos clisés: sin renunciar a nada, lo cierto es que las convocatorias a urnas en libertad son, siempre, una gran movilización, la más amplia y democrática en cualquier sociedad.

También es una opinión generalmente aceptada que la corrupción tiene mucho que ver con la continuidad en los mismos cargos de las mismas personas dentro de los mismos partidos políticos y durante muchos años, que estos nunca son los mismos, por desgracia para la inmensa mayoría. Quizás porque este cáncer es hoy uña y carne con la política, no hay manera de que los líderes se planteen la limitación personal de mandatos como norma de obligado cumplimiento, ni siquiera para un futuro lejano.

Por otra parte, si se hiciera una encuesta es muy probable que la mayoría opinara que las mujeres en general son políticamente más limpias que los hombres. Aunque solo sea porque se han manchado mucho menos que ellos, digo nosotros. Y que, por tanto, si muchas mujeres se implicaran en puestos institucionales de los que manejan dinero, hasta ahora ocupados por hombres, durante los primeros años los índices de corrupción disminuirían radicalmente, que ya lo valdría. Porque a su menor contagio se une el efecto rotación que rompería muchas de las redes de favores y compromisos ocultos que funcionan casi por inercia. Todo esto hablando en términos estadísticos, que la Munar de Mallorca todavía está en la cárcel y la Cifuentes de Madrid pendiente de juicio, como aquella de Alicante. Por cierto, dos del PP y la otra también de derechas. Y tan profesionales de la “polis” como el peor de los hombres. Pero ni aun así se puede comparar el porcentaje de corruptas con el que presentan los políticos.

Seguiremos en el ámbito más cercano a las personas, el municipal. ¿Qué porcentaje de alcaldes son mujeres en España? Un pobrísimo 20%. Muy inferior a su presencia en el Congreso de los Diputados y en la mayoría de los Gobiernos. Y esto casi noventa años después de conquistar el derecho a elegir y ser elegidas, y de montones de listas “cremallera rota” en las que muchas veces solo hacen compañía. La realidad de la mujer en política es lo más parecido a un enano con los pies de barro.

Pero es la ocasión, porque tienen la sartén por el mango. De nuevo, debemos aprender de una historia que ha repetido hasta la saciedad que ningún progreso social importante se ha conquistado sin la presión de los de abajo contra los de arriba, traduzca usted ambos sexos. Conseguir que las mujeres pudieran votar fue un proceso largo y plagado de movilizaciones contra unos poderes políticos que se resistían en todas partes, monopolizados por los hombres. En España tuvo que caer, antes, una monarquía. En cambio, en Suiza, faro mundial de la democracia participativa, dado que en los referéndums para cambiar las leyes importantes solo votaban los hombres y las mujeres no reivindicaron ese derecho esencial con suficiente ahínco, el voto femenino no llegó hasta 1971. Paradojas de la vida a favor de España, contra el que nuestros propios asesinos se revolvieron un 18 de julio. Pero esa es otra historia.

Hoy, la oportunidad femenina para conseguir más poder y, al mismo tiempo, ayudar a la sociedad que comparten a dar un paso de gigante contra la corrupción futura, y destapar mucha de la existente, se llama conquistar los primeros puestos de todas las candidaturas que presenten todos los partidos a todas las alcaldías de España. Porque solo una sustitución masiva de los políticos con mayor poder institucional puede colocar a los corruptos ante el abismo del vacío, ese que encontrarán reflejado en el espejo cuando sepan que su poder se les ha escapado de las manos.

Y es posible, porque tienen una gran fuerza en sus manos, si acaso fueran capaces de avanzar en la unidad de acción a la que se acercaron durante la gran movilización de marzo pasado. Y con armas democráticas y pacíficas, sin las cuales no se gana ninguna batalla.

La huelga general de candidaturas.

El arma definitiva que tienen las mujeres pertenece a su libertad individual y exclusiva, y la pueden emplear para triunfar en su causa colectiva. Se llama huelga general de candidaturas y consiste en negarse todas a integrarse en cualquier puesto de cualquier candidatura municipal, grande, mediana o pequeña, que no está encabezada por una mujer. A ver que partido se atreve a resistir ese duelo tan bonito.

Y después, ganadas todas las elecciones por mujeres no será necesario que cada alcaldesa sea una heroína inteligente y atrevida como la de Torrelodones, capaz de cazar al mafioso del PP que la amenazaba con hundirle la vida sino cedía a sus pretensiones. Porque muchos de estos delincuentes saldrán huyendo a su vida privada.

¿Imagina usted que España se pueda presentar ante el mundo con un 100% de mujeres con las varas de mando municipales en sus manos? Con solo un 60% romperíamos todos los esquemas y habría colas para seguir nuestro ejemplo.

Y si las candidatas de “Barcelona capital europea” se sumaran a esta acción por los derechos de las mujeres y contra la corrupción, Manuel Valls tendría que cambiar de sexo, o ir de segundo en la lista. En ninguno de ambos casos pasaría nada. Estamos preparados para todo.

Si las colegas se atrevieran, las grabaciones de colegos amañando contratos públicos millonarios pasarían a la historia. Y transcurriría bastante tiempo antes de que se volvieran a escuchar nuevos arreglos oscuros, protagonizados en el futuro por voces femeninas. Hoy por hoy, ni me los imagino.

En cualquier caso, será mucho el dinero que no perderemos.




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