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Divendres, 22 de Març de 2019
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Francesc Reina, pedagogo. - Sant Adrià - 17/9/2018

Crónica de un desencanto

Todo el esfuerzo que hace mi compañera por colmar a Dragón y sus camaradas en este mundo pequeño, los hace dichosos. Aunque lloran cuando mami cierra la verja para salir, se acercan a la felicidad. No son seres tristes, saben que regresará, y nada más irse ya está anunciando su vuelta. El lamento no es más que un gesto de esperanza estirada que alfombra el tapiz del retorno en el espejo de agua en el que, más tarde, con sus besos color caramelo arruinará todos los miedos y como espumilla de mar, hará brotar afectos que sólo ella sabe dar y que yo jamás había escuchado con esa musiquilla tan dulce.

Casi todo ha sido raro, volátil y disperso como cuando pasan esas hormigas que nunca sabemos de dónde salen pero que salen de todas partes. Así es como Sísifo es afortunado subiendo una y otra vez la piedra de la felicidad sin descanso, porque nuestras penas nos vienen del saber, y por mucho que nos aplasten, lo importante es haber podido crear sueños en el agua gris de una lluvia estremecida.

Ella me desmontó con su oración laica y ese clamor humano preñado de pequeños detalles tan poco trascendentes como cuidar su jardín sin gallinas, de traernos la música a la cocina, o describir minuciosamente la etimología de un país remoto en el que algún día será bienaventurada. Junto a ella hemos premeditado los colores y las formas de su lote, como quien pone cortinas en el bosque verde de la ventana, casi una página de cuento donde acariciar a Valentina dormida, es un milagro hecho realidad. Su coraje me salva del mundo desanimado, al menos lo ha conseguido conmigo. Sucede que hemos vivido bajo las mismas estrellas y el arte ha adaptado sus telas para pintarnos mejor una vida mutua en un enorme lienzo en blanco a la espera de nuestras pinceladas.

Hemos sido el amor tocando la belleza y por eso nos pusimos a jugar con un tiempo prestado. Cuando miro la montaña repleta de noche  me doy cuenta de que el esfuerzo por llegar a la cima me llenó el corazón. El día se serena tras un rocío que ha dejado pegados en el cielo los versos más difíciles en medio de un silencio ensordecedor. ¿Acaso será el mar, caprichoso,  que siempre nos oculta el origen de sus olas, el culpable?

Lo imposible, eso que te preocupa tanto, ya ha sido superado y no hay excusa. La revolución se produjo más de una vez, en los bordes del estallido sentimental. Junto a Sophie, Choco, Manchas y Pipiripó,  estuvimos tantas veces cerca de la cima que casi la tocamos, y a pesar de Newton y su ley implacable, nuestra anomia rodada una y otra vez, nos volvía a empinar el ánimo porque tú eres el misterio y el reto, como una esperanza que fundamenta el mañana. Jamás he estado tan cerca del cielo.

La despedida partió en dos el aullido de esos perros y sé que volverás a razonar el tiempo, y por mucho que llores cuando leas versos, la poesía, ya madura,  se pondrá triste. Queda aquí, entre rocas, personas, amores y desamores, risas y soledad, fastidio y calma, nuestra existencia. Pero aquí voy a seguir,sin quebrarme, a pesar de resbalar y alejarme una y otra vez. Al igual que Sísifo, a pesar de parecer un hombre absurdo, mantendré el oficio de seguir empujando, pues cada uno de los granos de esta piedra, decía Camus, conforma un mundo. Nos va a hacer falta un buen otoño tras un verano tan largo.




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