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Dimecres, 21 de Novembre de 2018
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Francesc Reina Peral, pedagogo social - - 10/5/2018

Vale la pena pensar

Las plantas tienen inteligencia. Sabemos que tienen sexo, que establecen solidaridades importantes (colaboraciones), que intuyen a los enemigos, que se comunican... A pesar de todo y por mucho que lo neguemos, resulta difícil comprender lo que es una planta. Somos muy diferentes; ya en la Antigüedad, el centeno era considerado una mala hierba que acompañaba al trigo, el cereal predilecto de los agricultores. Sin embargo, existen plantas terribles que poseen venenos mortíferos pero que, al mismo tiempo, portan hechizos que pueden curar nuestras vidas cuando enfermamos; es el caso del tejo. La cuestión es trabajar juntos para obtener una victoria conjunta a los retos que acechan a la humanidad; como dice el biólogo Tefano Mancuso: el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Edgar Morin reveló en su teoría de la complejidad lo enmarañado y difícil que son las relaciones humanas. Algo parecido nos legó nuestro físico Jorge Wagensberg, uno de nuestros más insignes científicos, asegurando que sólo se debe tener fe en la duda.

El problema de la complejidad ha pasado a ser el problema de la vida y del vivir. El desafío de lo complejo consiste en reconocer que el mundo de las relaciones no se puede agotar tan sólo desde la razón. Entonces, ¿qué podemos entender por un conocimiento cercano a la verdad? Tal vez el milagro sea tener conciencia y control acerca de los propios pensamientos, saber hasta qué punto se está de acuerdo o en desacuerdo sobre las cosas.

El pensamiento crítico es una de las competencias más descuidadas en nuestra sociedad. La mayoría cree lo que oye en la casa, en el colegio o el trabajo, con las amistades o lo que viene en las redes sociales… Se hace sin cuestionar la veracidad de las noticias que llegan, interpretaciones cargadas de sesgo ideológico y, en algunos casos, también de mentiras malintencionadas. Lo confirman esos programas donde la gente se enfrenta sin tener información suficiente, sin confrontar las versiones. No en vano, nuestra tradición educativa se ha basado en hacer creer que las palabras no se deben poner en duda. El ruido envuelve en muchas ocasiones la información con palabras innecesarias, con imágenes no pertinentes.

Las escuelas de adultos priorizaban pensar y por eso llegaron a ser cuna del asociacionismo vecinal de los años 70, y por eso les cambiaron el encargo. Alfredo Landa en El puente, escenificó la tarea educativa que ejercían los sindicatos en el mundo obrero…

Decía García Márquez que la sabiduría nos llega cuando ya no sirve para nada. Ante tal desengaño, aprender a pensar puede que sirva para dibujar un futuro menos oscuro como este presente nuestro.

 

 




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