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Dimecres, 21 de Novembre de 2018
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Francesc Reina Peral, pedagogo social - - 3/5/2018

Un mundo raro

En el análisis de las teorías sobre la justicia, dos de las preguntas usuales son: ¿quién diseña sus principios? y ¿para quién se diseñan estos principios? Las respuestas las encontramos a lo largo de toda la historia dado que los principios constitucionales casi nunca han tenido como propósito el Bien común para todo el mundo, sino para grupos particulares.

El goce de los derechos de la ciudadanía ha reflejado grandes procesos de exclusión a lo largo de los tiempos. Lo que se vive recientemente en nuestros juzgados me hace pensar en aquella ley sobre el adulterio que padecieron las mujeres o aquellos que ingresan en prisión por muchos años al no poderse costear un buen abogado. Alguien pudiera encontrar una curiosa relación entre mujer y pobreza, u otras formas de discriminación que se han impuesto a través de la religión, o por pura ignorancia, o por interés.

En la arena política las propiedades y las rentas también han sido requisito, o ambición, de quienes lo ostentan… Pasar de la sociedad del privilegio a una más igualitaria es quizás uno de los contrastes que llaman más la atención en nuestros días, según van cayendo datos: paro irreparable-emigración juvenil-adquisición improcedente de bienes públicos-uso indebido de la posición social-salud precaria… La desigualdad se va a extender mucho más allá de la crisis.

Así pues, un país con importantes injusticias sociales que no puede propiciar una igualdad real que permita el florecimiento humano de las personas cae irremediablemente en una propuesta conservadora que lo es por primar a quien tiene mayor poder adquisitivo o dicho de otra forma, por cómo distribuye los recursos. Lo decía Rawls; existe justicia cuando las instituciones se articulan para realizar la mayor suma de satisfacciones de manera equitativa entre sus miembros. Existe justicia cuando la vida no depende de las circunstancias que a cada una le ha tocado vivir. Entonces, ya no se puede ser ingenuo, la verdadera intervención no sólo es posibilitar acceso a los recursos sino poder aprovecharlos y mejorar las capacidades personales y el entorno social donde vivimos. Me da pena decir esto cuando camino por ciertos barrios.

Es posible que esté equivocado o que vea sólo parte de la verdad. Yo he querido hacer una aportación humanista a pesar de las resistencias fuertes por entender que todas las formas de conducta humana sólo son un diminuto subconjunto de los sistemas animales. Eso no supone nada inédito respecto a la forma, extensión y funciones sociales, sino más bien el retorno a lo que siempre fue: la restauración para desguazar los avances sociales manchando la idea de lo público con el estigma de la ineficiencia. La política debería ser algo más que un estado de ánimo y vigilar mucho lo económico. Pero a menudo parece que estas relaciones son impúdicas hasta el punto de obviar la calidad informativa.

Dormir en un coche es vivir en el alambre. El aire se llena de polillas mientras las heridas se van recosiendo a fuerza de desmemoria, de desnudez sin razones, de sollozos apretados. Sonia y José Luis van rodando entre la gente, sienten que venden la pesadez de un amanecer al que le han matado la esperanza y arde hasta el viento.




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