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lunes, enero 17, 2022
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Variaciones sobre un viejo tema

No indagar en las cosas puede confundir. Hablar de arte bruto es definir un acto de superación de mucha gente; un término concebido por el artista Jean Dubuffet quien destacó la importancia que tenía la creación plástica en personas diagnosticadas de afectaciones mentales. La Artterapia encontró un hallazgo en esos viajes por tierras ásperas, se descubrieron ventanas para la esperanza, sembraron cosas importantes recuperando el terreno quemado.

A lo tosco, lo rudo, lo torpe de esa extravagancia, se le fueron sumando peculiaridades significativas: un ejercicio sin formación, sin escuela, una creación primitiva como la de la infancia, casi salvaje, es decir, de un ingenio ingenuo. Aquel art fou pretendía provocar una sensibilidad distinta para contemplar mejor, para valorar las cosas, para crecer… El resultado era una afrenta para los bienleídos, pues se daba voz a los que susurraban su angustia, a aquellas que llevaban descosidas sus costuras. Así pues, esa maestría fue espejo para convocar a alienados, para revalorar no sólo la pintura, también la escultura (como los visionarios Justo Gallego o Josep Pujiula). Igualmente, en el cine lo fue Berlanga, tan censurado por mostrar la crueldad de las realidades sociales; y en la escritura, la exaltación del espontáneo gongoriano, la natural picaresca de Cervantes mostrando un rebaño crédulo y mangoneado… El jazz, esa música muy negra a cuenta de cantos de esclavos que lograban pasar la oscuridad del túnel, improvisando (a pesar de la mala reputación), con su nave a la deriva. Y en la canción, la sátira del gran Javier Krahe, en continua mirada torcida de la realidad, los dislates de Ovidi, las jotas imprudentes de Labordeta… La canción protesta, social o revolucionaria, puso imagen al llamado arte secundario, aquel compartido con los periféricos, mostrando su compromiso personal, ligado a reclusos y exiliados, a obreras maltratadas, ahora son outsiders, nuevas protagonistas de la lucha de clases. La pobreza representa, hoy, los climas más rechazados y que ayer fueron clandestinos.

Una aventura de puño y letra, sonora y política que se hace cargo del dolor ajeno denunciando situaciones, para rescatar la cultura popular, las lenguas atornilladas, a poetas prohibidos, a escritoras olvidadas en un rincón… Los raperos se unen a este vasto repertorio, se añaden los grafiters pintando muros grises, trovadores callejeros, el periodismo arriesgado, el teatro amargo…

Hoy, aunque muchas creaciones han acabado siendo pasto de lo industrial, un sucedáneo capitalista que sólo persigue beneficio privado, siguen en su empeño voces que se levantan para despachar la asimetría, que cuestionan los límites del atropello.

Hace poco que Arrels, fundación que trabaja con personas que viven en las veredas del asfalto, ha inaugurado un taller con sus artistas urbanos. Aspasim o Ilersis, hace tiempo que apoyan la diversidad funcional con sus propias creaciones, Top Manta o Mujeres Pa’lante llenan de colorido sus temores, porque la necesidad y la pasión son universales. Marginalidad optimista, artesanía de la calle para ver horizontes si aún queda imaginación. Producir lo simple, escribió Ítalo Calvino, no es una herramienta sino un logro.

A pesar de que la noche está llena de tristezas en cada esquina, es tiempo para pensar, dar las gracias, pedir perdón. Vale la pena hacer ejercicios de liberación, igual que en las fiestas mayores, revivir el espíritu mixto que produce lo sencillo para juntarnos en la plaza y bailar, con una samba de la orquestra Platería, una copla de la Martirio, o cuando suena el pasodoble No te puedo querer cantado por Alberto Pérez.

Francesc Reina

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