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miércoles, mayo 29, 2024
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Poesía

Ya no será, no viviremos juntos, no

me abrazarás nunca como aquella

noche. Idea Vilariño

En un mundo raro vale la pena seguir recordando a los amantes invisibles,
amores especiales que viajaron mano junto a mano; son los que nunca se acaban, duran para siempre…
Son como sonidos silenciosos, susurros de viento,
nos acercan a sensaciones del alma en forma de versos,
nos descubren la playa, el monte, humedales, desiertos,
quebradas, llanuras, los valles, los puertos…
Entre sol y luna, entre el día y la noche,
el reloj avanza, trae remolinos, hace su recorrido
-fiebre desnuda en el cuerpo-
que muda las pieles que agrietan los años, mecidos en la corriente
del trecho.

Fantasmas algo borrosos dejando de ser, como pinturas de olvido:
manchas que el tiempo fijó y no son fáciles de borrar.
Invisibles. Obstinados, casi vencidos, se devuelven la mirada, ahora alegre,
para darse el calor que desprende un sol de invierno.

Acuarela de emociones, sus lágrimas fueron el barniz de ámbar que mojó la orilla de la juventud. Guardan los labios que agotaron los días, para cuando regrese de nuevo a saludar la primavera con colores inocentes, para abrir sus ojos a lomos de la luz.
¿Quién te va a cantar canciones vestidas de claros, quién dormirá entre sus brazos, quién flotará alrededor de sus voces, quién seguirá esos pasos cuando se vayan, a dónde se irán sus besos? Un eco de lamentos salados, barro tumbado al sol.
El pasado irrumpe con postales de viajes imposibles enseñando la belleza que no siempre se vio, la que sorbieron con la música que desprenden las letras.
La claridad nocturna deshoja un deseo de metal que les baila desde lejos;
al otro lado de la soledad, donde navegan los recuerdos; polvo que cae a cántaros.
Aún roto el corazón, siguen en el empeño
por reconciliar el pasado, una síntesis probable en éxtasis de agonía.
Y cuando los días crecen y la dicha se escapa por los rincones,
los almanaques rozarán las hojas amargas.
El futuro amenaza permanente
(no es bueno vivir siempre en la nostalgia).
La memoria es una celebración de la vida

-también de la muerte-
lo que nos ha pasado está lleno de momentos.

Habrá que aprender a andar con las huellas peregrinas de nuestras imperfecciones.
El tiempo se nos escapa de las manos,
se preguntará cuando llegó la vejez, cómo nos hemos visto, cómo seremos después. No hay tiempo para detenerse, no lo hay para buscarlo, ni siquiera para entenderlo.
El camino doloroso se torna apasionado, un sendero suave, cuando se acerca nos vemos muy diferentes, caducos, escasos, sin peso.
Extraños ya, perdieron el paraíso, pero confortarán el ánimo, sentirán su compasión de por vida.

Francesc Reina

Día Internacional de la Poesía

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