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martes, abril 20, 2021
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La rebelión de los trazos borrados

No siempre las historias que conocemos vienen con un pan bajo el brazo; las hay que no tienen tras de sí una familia que ampara, comprende y anima (con o sin dinero) a seguir con lo que nos proponemos.

Ahí está la vida de la sueca Astrid Lindgren quien, a pesar de los condicionamientos de su época y de una educación religiosa estricta, bailando como si no hubiera más de un mañana, decidió romper con las normas de la sociedad y obedecer a su corazón. Se enfrentó a la adversidad y se mantuvo firme con su dolor y su rabia. Caminando entre el amor y el deseo, modeló su vida a golpe de puñales retorcidos, clavados por una sociedad machista (le tocó renunciar a su hijo), pero siguió adelante, rompiendo barreras, fiel a su instinto, desafió a un sistema de cuyas cadenas se fue deshaciendo, entre milagros y desgracias hasta encontrar su libertad, y reencontrarse con su pequeño. Extravío de un personaje apasionante, así  lo cuenta la cineasta Fischer Christensen de una manera delicada en Conociendo a Astrid, la maravillosa escritora y creadora de Pippi Calzaslargas, un verdadero símbolo de rebeldía feminista sin trazos gruesos ni maniqueísmos, que nos llegó de la mano de una niña por allá en los años 70.

En Europa las mujeres pudieron ejercer su derecho a voto por primera vez en Finlandia a primeros del siglo XX. Le siguieron Noruega y Suecia. Más tarde, el 20 de julio de 1917, el gobierno Ruso se sumó. En nuestro país, las mujeres solo pudieron ejercer su voto en una sola ocasión: las elecciones de 1936, en las que triunfó democráticamente el Frente Popular. Meses más tarde, “el borrado”: golpe de Estado, Guerra Civil, 40 años de dictadura. No volverían a ver las urnas hasta los comicios generales de 1977.

Suiza no otorgó el voto femenino en todos sus cantones hasta 1990 (y fue por obligación). Llegó escandalosamente tarde a un país donde “todo el mundo vive bien”, ¿para qué cambiar las cosas? No podían trabajar sin autorización de los esposos. Una mujer sencilla, Nora,  descubre el movimiento por los Derechos Civiles y abre los ojos. También sobre la libertad sexual, un tema muy oportuno hoy, muy triste y que da mucho miedo. En El orden divino, la película de Petra Volpe, esta valiente descubre su cuerpo (no conocía su sexo, ni el gozo). La brecha laboral y sensual, la sumisión en la casa y en la cama, la mujer que templa sus entusiasmos con el jarro de agua fría de la ignorancia más cruel.

Los años 20 fue terreno fértil para la audacia amorosa en España. La joven Hildergart Rodríguez Carballeira alzó su voz para proponer la revolución de las vaginas y descriminalizar el orgasmo. La Virgen Roja, asesinada por su madre, denunció la colonización del placer, esa insatisfacción impuesta, causada por el ‘coitus interruptus’, provocador de herejías y no pocas libidos insatisfechas por evitar el embarazo. Ahí se habló de homosexualidad, divorcio y aborto.

Hay datos que trascienden el debate sobre el feminismo, que nos invitan a recapacitar como seres humanos con apuntes amargos donde es preferible la mentira. Los hombres estamos igualmente sometidos al ideario patriarcal; oprimidos por una predeterminación sobre lo que debemos ser, pagamos un alto precio por nuestro lamentable poder.

Habrá que rechazar la presión del grupo, de los medios de masas, de la iglesia..; por el bien de los seres queridos y por el de toda la humanidad. “El olvido de la memoria del pasado suele acarrear la pérdida de perspectiva”, dice el dr. Amezúa.

Francesc Reina

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