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sábado, agosto 13, 2022
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En un mundo mejor

El horizonte está bajo amenaza, deriva hacia un crepúsculo vestido de sombras donde se aventuran tentáculos que navegan entre pecados, con las bisagras desorientadas.

La danesa Susanne Bier firmó hace años un drama prestigioso donde se dan cita y desfilan por la pantalla parte de las violencias más conocidas de nuestra época. Sustentando la crisis de valores que sufren las sociedades contemporáneas, insinúa que el pacifismo ya no es un instrumento de interés viable para hacer frente a los conflictos. En Hævnen, su película, se puede observar cómo el bullyng no se gestiona correctamente en la escuela: alumnos agresores sin observación, alumnos víctimas que acaban agrediendo para preservarse y son  culpables a los ojos del centro y para la policía; no se trabajan las causas; para rematar, el . Tras algunos interrogatorios el ritual de “darse las manos”.

Dicen que el sentido común depende de los artilugios que se usan para hacer creer o no creer ciertas cosas; el lenguaje es el hilo fundamental, sirve para comunicar ideas y también para condicionar decisiones. Apelarlo suele utilizarse como objetivo para dejar fuera de discusión otras opiniones: ampararse con las armas, que los mossos enseñen alternativas a los atropellos en las escuelas, que los mediadores internacionales sean generales militares… Un barco lleno de piedras, paradojas de las que nos habló Tolstoi.

En su nuevo libro Filosofía del engaño, la veterana abogada de las mujeres, Lidia Falcón, destaca el velo mentiroso que enmascara las versiones según la posición o ideología, a partir de la manipulación de los sentimientos, una educación emocional que hace reaccionar al espectador con estímulos informativos, al estilo más primitivo del conductismo.

La política, cuando pierde el corazón, acaba siendo una de las formas más crueles de violencia; un proceso inhumano que comienza como una profecía, avasallando a propios y contrarios, ensalzando el ensañamiento, justificando las caídas; esto afecta a soldados y  policías, como denunció el gran Passolini (ha cumplido 100 años).

En su canción Para la guerra nada, la voz dulce y rotunda de la colombiana Marta Gómez nos regala unos segundos de poesía: “para la distancia, un paso; para la rabia, una flor; para la impotencia, un grito; para la oscuridad, un color… Para la guerra, nada”.

Hace tiempo que  las pedagogías para la paz ha dejado paso a fenómenos de mayor énfasis y prioridad institucional; sin embargo, puede que sea ésta la clave: una palabra mínima que vaya cargando sensaciones a tantas otras necesidades de la mujer, de la infancia, de la vejez, de la humanidad…

Francesc Reina

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