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lunes, junio 17, 2024
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Amnistía, lawfare, credibilidad, transparencia y Europa

Cataratas de opiniones siguen construyendo la actualidad desde otro 9 de noviembre que pasará a la historia por dos palabras escritas en un documento redactado con microscopio y suscrito por dos partidos políticos, aunque cuando pase la tormenta regresaremos al «ramito de violetas» de la inolvidable Cecilia.

Lo estoy leyendo y sintiendo también mucha alegría por algo que, sin ser aún norma legal que pueda dolerme, ha conseguido tanto revuelo, lo que significa que la mayoría piensa que van en serio. Resumiendo, han conseguido una credibilidad con la que sus adversarios sueñan cuando escriben cosas.

De entre tantas opiniones leídas he seleccionado dos de especial interés.

La primera es una entrevista en el Diario de Mallorca a Pepe Castro, el primer juez que sentó en el banquillo de los acusados a alguien de la Familia Real.

Las entrevistas implican riesgos, pues es el periodista quien decide lo que aparecerá destacado, aunque el protagonista piense otra cosa. No sé si en este caso es así, o no, pero sigo escribiendo para decir que yo no habría titulado «Me duele mucho decirlo, pero ceder a cambio de votos no me parece digno«, porque si hubiera sido el juez que él fue capaz de ser yo también diría que a mí nadie me propuso nada “a cambio de” porque nada conseguirían. Pero Sánchez no es juez, sino parte, y me habría ahorrado muchas sentencias difíciles gracias a acuerdos entre las partes.

En cambio, yo sí habría elegido “Castro ve exagerado pensar que peligra la separación de poderes«, que aparece en letra menor, porque si hubo jueces independientes de otros poderes él figura en ese grupo y conoce los peligros.

Aunque no pide la repetición electoral, sí opina Castro que Sánchez recibiría muchos votos por no haber cedido. Tan posible es eso como lo contrario, pero cualquier candidato que no gane por mayoría absoluta debe negociar para formar gobierno. Lo que ha hecho Sánchez.

Por su parte, el catedrático de Derecho Procesal Jordi Nieva opina en El Diario con un artículo titulado “Lawfare” en el que nos ilustra: “De hecho, el origen de la mismísima inmunidad parlamentaria en el siglo XVII inglés proviene de la actitud poco edificante que exhibían unos jueces que, instrumentalizados por el rey, apresaban a los diputados del parlamento para evitar que votaran leyes que no le convenían al monarca”.

Después nos recuerda momentos históricos de España como el de “la fiscalía te lo afina” o “así controlaremos la Sala Segunda desde atrás” y, por mi parte, solo para ayudar al experto, añadiré aquello de “¿Y quién nombra al fiscal general?” que Sánchez pronunció ante un micrófono legal y abierto durante una entrevista en 2019 para demostrar que traería a Puigdemont para que compareciera ante la Justicia.

Si cuatro años después Sánchez considera menos arriesgados los chistes que proliferan sobre una comparecencia al revés, no reproduciré aquí la sabiduría popular que avala lo de “adaptarse o morir” pero, en cualquier caso, mucho más difícil fue conocer los excesos de Fernández Díaz y el senador Cosidó.

Pero me interesaba más destacar la opinión “política” de Nieva. La expone cuando dice que “el acuerdo de investidura de JxCat y el PSOE alude a este término de un modo tal vez inoportuno, probablemente imprudente y con seguridad innecesario”.

Ante el hecho de que, sí o sí, una de las dos partes condicionaba la investidura a que se investigue la judicialización de la política que se habría producido en el pasado, lo único que se me ocurre para que la palabra “lawfare” no figure en el documento publicado sería la firma de un texto secreto en paralelo asumiendo el compromiso.

Tras lo de Marruecos haciendo público el incalificable cambio de política sobre el Sáhara admitido por España, no me extraña en absoluto que Sánchez haya elegido cartas boca arriba para jugar con Catalunya. La transparencia duele, pero es mucho mejor que todo figure en el acuerdo de investidura porque la alternativa era un gobierno amenazado durante cuatro años por una luz delatora cuyo interruptor no podría controlar.

Y, por fin, la Europa imprevisible, o sea, “Pablo Hasél”, por ejemplo.

Junts y PSOE han elegido política para evitar más sentencias, pero contra ellos sigue hiperactivo un españolismo con tan pocas luces que reniega hasta de acuerdos entre españoles que quieren evitar la “injerencia” europea porque, en realidad, les importa un bledo todo poder judicial que no sea español.

Se llama “guerra civilismo” de baja intensidad mientras no decidan subirla.

Domingo Sanz

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